Mi?rcoles, 18 de abril de 2007
La tercera

La mancha de sangre se ha extendido. Desde los refugios monta?eses de Afganist?n, la capacidad operativa de la red Al Qaeda ha abierto sus brazos hacia el Medio Oriente favorecida por el caos de la guerra civil en Irak y la ocupaci?n militar anglosajona de ese pa?s. La enorme ventaja de las estrategias de Al Qaeda consiste en dise?ar su violencia con m?todos opuestos a la guerra convencional, a trav?s de ramificaciones invisibles y militantes clandestinos que se infiltran en cualquier sociedad y descargan sus golpes sobre poblaciones desarmadas, obedeciendo a la t?ctica esencial del terrorismo que consiste en cometer sus ataques en un punto determinado para que esa conmoci?n se refleje en cosas a menudo distantes, desencadenando as? una larga hilera de efectos y consecuencias. Eso ya ocurri? en Nairobi (Kenia), en el World Trade Center de Nueva York, en Bal? (Indonesia), en Casablanca (Marruecos), en Madrid y en Londres, demostrando la ubicuidad de ese tejido beligerante respaldado por las formidables bases financieras de Osama Bin Laden.

Pero ahora la mancha volvi? a crecer con los dos atentados en Argel, que se produjeron en la sede del gobierno y en una comisar?a de esa capital, asumidos ambos por la Organizaci?n de Al Qaeda para el Magreb Isl?mico, una entidad conocida anteriormente como Grupo Salafista para la Predicaci?n y el Combate, que busca la reconquista armada de lo que considera sus territorios hist?ricos, desde Andaluc?a hasta Jerusal?n. Los atentados de Argel ocurrieron el mi?rcoles 11 de abril, estableciendo una llamativa coincidencia del n?mero 11 en la foja de Al Qaeda, ya que los de Nueva York sucedieron el 11 de setiembre de 2001, el de Djeta (T?nez) el 11 de abril de 2002 y los de Madrid el 11 de marzo de 2004. El c?lculo de esa cronolog?a puede ser otro aspecto del mensaje que emiten los responsables de la agresi?n.

Desde ya, ciertos pa?ses comienzan a temblar. Entre ellos figuran Italia y Espa?a, a los que Al Qaeda ha se?alado como posibles blancos de atentados futuros, mientras comprueban c?mo el reguero de los episodios terroristas se acerca a Europa dilat?ndose a lo largo de la costa meridional del Mediterr?neo. Porque un d?a antes del golpe en Argel, otro terrorista se hab?a inmolado en Casablanca al ser detectado en un cyber caf?, y ese dato debe agregarse a un mapa donde los focos de peligro se multiplican por una geograf?a cada vez m?s extensa. Los pa?ses con un papel protag?nico en el manejo de los asuntos mundiales, deben contabilizar ese fen?meno como vanguardia de un enfrentamiento que por cierto tambi?n comprende la tensi?n de los occidentales con Ir?n y el conflicto palestino-israel?, sin olvidar otros rozamientos con vecinos de la regi?n como Siria o L?bano. Poco a poco, el polvor?n se diversifica.

Lo hace en parte por el proceso de fanatizaci?n de ciertos sectores del Islam, en parte por la pol?tica de confrontaci?n que las potencias de Occidente han mantenido con buena parte del mundo musulm?n y en parte por la calamitosa intervenci?n militar de algunas de tales potencias en Afganist?n (desde 2001) y en Irak (desde 2003). El efecto eruptivo que provocan esos hechos ha quedado confirmado desde hace una semana con el brote de Argel, donde la actual rama magreb? de Al Qaeda y su antecesor el Grupo Salafista son herederos del temible Grupo Isl?mico Armado, que desde su fundaci?n en 1998 ha cumplido m?ltiples atentados y es ejemplo de una reacci?n integrista ante las medidas represivas del gobierno argelino. Semejante inestabilidad y sus dos golpes recientes, son otro s?ntoma de una amenaza que no ha hecho m?s que crecer durante los ?ltimos a?os, reavivada por la misma Guerra al Terror que pretendi? desactivarla.

Lo horripilante de la etapa actual es su expansi?n, porque si bien el conflicto ya no compromete a ej?rcitos enemigos trenzados en una lucha formal, como ocurr?a en las guerras del pasado, envuelve por un lado a poderes militares como Estados Unidos y Gran Breta?a, y por el otro tiene a esa fuerza impalpable y difusa que los voceros occidentales denominan terrorismo y que desaf?a a sus oponentes con m?todos de combate imprevisibles y con golpes dados por sorpresa donde menos se piensa, apelando al suicidio de sus militantes como recurso de una fe ciega. Ese ins?lito instrumental, ya empe?ado en una batalla desde la meseta de Pamir hasta los montes Atlas, puede seguir ascendiendo en una par?bola gradual hasta colocar al resto de la humanidad -sin que casi nadie parezca por el momento percibirlo- en el umbral de la pesadilla, la de una tercera guerra mundial.
[EDITORIAL EL PAIS. URUGUAY]

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Publicado por javerim @ 14:59  | TERRORISMO
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