NO VER LO QUE NO QUEREMOS VER
Editorial desde Israel Bernardo Ptasevich
Katzrin, 6 de diciembre de 2006
Varias veces hemos tenido señales de alerta, destrozos, violencia en las escuelas, agresiones, pero todo siguió igual. En la calle se habla de que hay drogas también en Katzrin como en todo Israel. Quizás alguien lo sepa en forma comprobada. Los chicos cuentan que también en nuestros colegios secundarios (NOFEI GOLAN) se fuma narguila "como mínimo" y no pasa nada y que la droga es habitual en los colegios del país incluso ante la desinteresada vista de los preceptores. No nos gusta pensar que la tranquilidad y seguridad que todos creemos tener en la ciudad sea alterada. Pero eso se logra con medidas concretas, con compromiso y con participación. Mirar para otro lado cuando pasan cosas no nos va a asegurar que en este pueblo tendremos una vida mejor, más segura y diferente a la de las grandes ciudades. Si bien casi todos los habitantes nos conocemos, esta demostrado que NO TODOS. Esas excepciones hacen que nuestra paz habitual corra peligro. El norte de Israel y mucho mas El Golán o específicamente Katzrin tienen una bien ganada fama de que hay otra forma de vida lejos del mundanal ruido. La mayoría de nosotros elegimos este sitio y vivimos aquí por ello.
Han asesinado a una niña de 13 años en el baño del colegio Nofei Golán, han matado a una de nuestras niñas. Porque cualquiera de nuestros hijos podía haber estado allí. Destruyeron su incipiente vida, arruinaron la vida de su familia, nos rompieron el corazón y nos movieron el piso desde sus cimientos. Ya nunca será como antes. Nuestros niños en su mayoría, andaban solos por la ciudad, muchos de ellos desde los cuatro o cinco años. La escuela era un sitio seguro, donde los padres sabían que sus hijos no corrían peligro además de educarse. Ya nunca más un papa o una mama estarán tranquilos en su trabajo. Muchas veces discutí con mi esposa por mantener el sistema Rioplatense de llevar y traer a mi hija cada día, de acompañarla o estar pendiente en todos los sitios, incluido la escuela. Que la mayoría aceptara el sistema Israelí de dar libertad a los hijos no significa que ahí este la razón. Desde hoy muchos de los padres imitarán a mi esposa y no dejaran ni a sol ni a sombra a sus hijos.
El clima de la ciudad es tenso. Sobrevuelan miles de preguntas. ¿Por que no hay control en la puerta de ese establecimiento, como no lo hay en el Matnás donde a veces hay cientos de chicos. En los centros comerciales el shomer es más bien alguien a quien saludar cuando pasamos por la puerta. ¿Por que hay tanta violencia en los colegios y no se hace nada? ¿Por que en los recreos los maestros están en la sala tomando café (durante su merecido descanso, y no hay nadie cuidando y controlando a los chicos? (o muy pocos e insuficientes) Hoy a la mañana cuando mi hija me dijo… Papá… tengo miedo, entendí que nuestra vida va a cambiar desde este momento. Es cierto que todos los padres apoyaremos a nuestros hijos, trataremos de no demostrarles nuestra preocupación y de apoyarlos, les explicaremos que la vida debe continuar, pero nada de eso será suficiente. La realidad podrá más que todo lo que podamos argumentar. Se ha perdido la confianza. Estará en las autoridades de la ciudad, gobierno, policía, directores de las escuelas y en la comunidad misma recobrarla. Es un momento donde la participación activa de los ciudadanos es imprescindible. Exigir que cuiden a nuestros hijos en los sitios que les corresponda es nuestra obligación.
Alguien me dijo… en Argentina y Uruguay esto pasa todos los días. ¿Y a mi que me importa?.... ¿no es esa una de las causas por la que estamos aquí? Dejemos de pensar en lo que pasa en otros sitios. Este es hoy nuestro lugar, nuestra casa, nuestro país, nuestra ciudad. Busquemos todos juntos una mejor vida para nuestra familia. Exigir las condiciones de vida razonables y la seguridad, es uno de los factores importantes para ello. También hay que colaborar. Muchos lo hicimos cuando pudimos y otros lo están haciendo ahora. La comunidad latina de Katzrin es un ejemplo en ese sentido y nuestros voluntarios dejan de compartir horas en su casa o descanso para brindar apoyo a la comunidad. Damos nuestro pésame a esta familia destruida y todo nuestro apoyo. Ante cualquier síntoma de violencia demos la alarma. No permitamos la violencia en nuestra ciudad y mucho menos si afecta la vida de nuestros hijos. Dejemos de mirar hacia otro lado y no ver lo que no queremos ver.
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