Editorial desde Israel Bernardo Ptasevich 18 10 2006
El valle de Ajula esta recibiendo una ALIA de grullas mucho mayor que la de temporadas anteriores. Ellas han decidido volver a Israel porque las hemos tratado muy bien anteriormente en su paso desde Europa (escapando de la sequía) hacia África. Son cada temporada una gran atracción turística para la zona, representando beneficios e ingresos pero también un problema. El año pasado se gastaron 250.000 shekel en alimentarlas con el fin de que no se perjudiquen nuestros agricultores. Este año se necesitará un millón de shekel para abastecerlas, cifra que aun no se ha recaudado. Como las grullas no entienden hebreo no habrá forma de explicarles que estamos en crisis, que no hay presupuesto, o cualquier otro argumento con el que podemos sorprender a los humanos. Por lo tanto ellas comerán todo lo que encuentran a su paso. No habrá muro que pueda detenerlas, normas ni artimaña alguna. Como cualquier ser vivo luchará por su supervivencia sin fijarse quien es el dueño de su alimento. Quizás esta simpática pero difícil situación nos sirva para reflexionar un poco sobre otros temas. Esta claro que cada uno puede hacerlo de acuerdo a sus necesidades o intereses. Se me ocurre entonces aprovechar la ocasión para pensar sobre la alia real, la de las personas que dan el paso de subir a Eretz para continuar desarrollando su vida en Israel. Pienso que no es bueno que se traigan olim en forma indiscriminada sin haber programado adecuadamente como se acompañaran sus pasos durante un tiempo razonable, como será su adaptación, como podrán cumplir con sus necesidades básicas y como se insertarán en el mercado laboral. Los olim no son como las grullas que vienen solo de paso. Si se cumple el ciclo correcto del sistema de alia no deberían tener que volver a su punto de origen. Sería muy malo si esos fueran los resultados de nuestra ley del retorno. Nuestros olim, que al llegar se convierten en israelíes, deben tener la oportunidad de recorrer un camino difícil pero con determinadas certezas, un camino en el que sientan que son parte importante de esta sociedad, en el que se sientan útiles a su familia y a si mismos. Deben sentir que si superan esas dificultades lógicas que representan el cambio de idioma, de costumbres y de entorno, tendrán aquí un futuro razonable y promisorio. No deben sentirse de paso como estas grullas cuyo único objetivo es sobrevivir a cualquier precio hasta alcanzar otro destino. Necesitamos que en poco tiempo se empiece a trabajar para realizar los cambios necesarios tanto para la etapa previa como para un periodo suficiente después de la llegada de los olim. De nada vale echar culpas anteriores. No se equivoca quien nada hace. De nada valen las protestas sin propuestas, las quejas sin aportar ideas o la búsqueda de un chivo expiatorio a quien cargar las culpas. Sin embargo debemos presionar con fuerza y en forma fundamental con nuestra participación y nuestra ayuda en los trabajos necesarios para que estas variantes se produzcan. Tomemos lo bueno y cambiemos lo que la experiencia muestra que no ha salido bien sin pensar siquiera en premeditación o malas intenciones. Pongamos al ser humano y a la familia como centro de todos los cambios. Seguramente lograremos que muchos futuros olim se sientan más israelíes y felices de haber tomado la decisión de ser parte de este maravilloso proyecto que es Israel.
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