Israel, Katzrin 28/09/2006 Bernardo Ptasevich
Gracias a nuestras sentidas fiestas judías viajé a la ciudad de Ashdod para visitar a mi mamá. Ella vive allí desde hace cuatro años con la compañía y el cuidado de mi querida hermana Estela. Además de la alegría de verla y de participar en la reunión familiar a la que concurrieron hijos, primos y sobrinos que viven en varias ciudades de Israel me ha puesto muy feliz encontrarla tan bien a sus ochenta años. ¿Que tiene de diferente esta historia, si muchos de nosotros tenemos a nuestra mamá y nos emocionamos cuando la vemos? En cada mamá hay una historia pero voy a compartir la mía con ustedes.
Sofía, mi mamá, acaba de cumplir años y no se le ocurrió mejor idea que cumplirlos en uno de los días en que se desarrollaba la guerra en el Líbano. Con el país envuelto en una gran incertidumbre y además con toda la atención de cada uno de nosotros en los acontecimientos que ocurrían minuto a minuto no pudimos ir a su festejo. Por suerte sus amigos del moadón y nuestra familia de Ashdod la acompañaron. Siempre me cuestiono por no ir más seguido a verla. Es muy común tener algo importante que hacer o algún problema urgente para resolver. así vamos dejando de ir un día, luego una semana y luego meses. Después de años de vivir en países diferentes una de las cosas que tomamos en cuenta al decidir nuestra Aliá fue que al estar toda la familia en Eretz tendríamos por fin la facilidad de poder vernos seguido y ayudarnos unos a otros. Por ello es tan importante para mí que ese postulado no se pierda y confieso que a veces en forma inconsciente soy el culpable de que así suceda. Pero eso es solo una parte de la historia.
Mi querida mamá, como todas seguramente lo son, es un personaje. Luego de muchos años de la muerte de mi añorado papá Salomón, Sofía resolvió formar otra pareja. Tenía ya más de 60 años así que podemos decir que fue una decisión revolucionaria. Ella vivía en la ciudad de Rivera, Uruguay y todos los familiares estábamos al menos a 500 Km. de allí. A pesar "del que dirán" se reveló contra la soledad y se casó. Luego de un largo tiempo de armonía y felicidad llegaron momentos con serios problemas de convivencia. Mi mamá se sintió abandonada y maltratada. Esta situación le generó problemas psicológicos que considero bastante normales en una circunstancia tan conflictiva potenciada además por sus ya 65 años. En Rivera, la familia de su esposo, supongo que con buena intención la llevo a un psiquiatra quien le comenzó a proporcionar medicamentos muy fuertes, tratamiento que prosiguió al llegar a Montevideo. A partir de allí su estado desmejoró en forma rápida y contundente. A los pocos días yacía tirada en su cama sin poder mover piernas ni manos, ni los dedos, ni la boca, ni la lengua. Pocas horas después sus manos temblaban sin parar. Ya no comía ni podía mantenerse sentada sin compañía o ayuda.
Poco tiempo atrás vivimos un problema similar con mi ex esposa, la mamá de mis dos hijos varones, quien entró en el hospital con dolor de una pierna y terminó medicada de igual forma. Luego de los efectos de los medicamentos psiquiátricos fue trasladada a un instituto de internación para pacientes con problemas mentales por orden del jefe de piso del sanatorio de su obra social. . En pocos días falleció por falta de atención y deshidratación. Días mas tarde descubrimos que el jefe de psiquiatría de la obra social era "casualmente" el dueño de esa rarísima clínica particular. Sabemos que hubo mala praxis y negociados turbios pero la familia de mi ex esposa y mis hijos decidieron no iniciar acciones sabiendo que se enfrentaban a una mafia que no dudaría en hacerles daño. A su mamá ya no podrían devolverle la vida. Volviendo a la historia de mi madre su estado empeoraba hora tras hora.
Como el caso era tan parecido al relatado referente a mi ex esposa, resolví suspender toda la medicación que estaba recibiendo. A partir del segundo día observe una mínima mejoría en sus movimientos. Enseguida fuimos al consultorio de un neurólogo privado que no pertenecía al sanatorio de la obra social. Apenas entramos me dijo: "SU MAMA TIENE PARKINSON" Si bien sus síntomas y el constante movimiento de sus manos nos hacían presagiar algo parecido, el escucharlo así tajantemente y aún antes de ser revisada, hizo correr una película por mi mente. Recordé al boxeador Clasus Clay, tan recio y fuerte en sus momentos de gloria y su estado varias veces mostrado en la TV luego de su enfermedad. Sentí mucha tristeza y dolor. Le mostré al Dr. Los medicamentos que se le administraban. Enseguida me dijo que el Parkinson fue provocado por esos medicamentos y aun es REVERSIBLE. Y vaya que lo fue… es increíble. Yo no sabia que se podía salir de esa enfermedad. Se produjo una rápida mejoría y progresiva recuperación aunque seguía mostrando signos de debilidad. Poco mas adelante vino la alía de la familia y tuvo en Israel la posibilidad de controles en las que todos los síntomas del Parkinson habían desaparecido. En su ciudad, ella tiene desde hace meses actividades comunitarias que la mantienen muy bien. Hace ejercicios, mueve todos sus miembros sin problemas, puede lavar vajilla, pasar la escoba, doblar ropa y ordenar la casa, pintar, dibujar y hacer manualidades. Les puedo asegurar que todo esto fue y es una experiencia impresionante. Por ello es que me ha hecho tan feliz verla de esta forma, llena de vida y lucidez. La tardecita de la despedida transcurrió con mi mamá ganando todos sus partidos de cartas de canasta y conga (chinchón). Por la noche paseo en la taielet, unas pizzas con bebida bien helada frente al Mar Mediterráneo y ella con nada de ganas de irse a la cama. A las dos de la mañana seguía atenta a nuestras tertulias e historias de lo sucedido en el último año. Es posible que mi familia de Ashdod, a quien agradezco muchísimo los cuidados y la compañía que le dan a diario no sientan en la misma dimensión la importancia de su estado actual. En mi caso, no verla todos los días me hace ver claramente las diferencias del antes y ahora. Dentro de tantas cosas tan duras que tiene la vida, lo que esta pasando hoy con mi madre es algo muy reconfortante y nos da fuerzas para seguir luchando, para seguir teniendo fe y pensar en el futuro aunque ya no seamos tan jóvenes.
Por ello hoy la quiero toda para mí, para mi esposa y mis hijos, para mis sobrinos y primos, para mi hermana y para toda la familia. Por si acaso, aviso a todo el mundo… que nadie se atreva…a tocar a mi vieja.
* El titulo corresponde al tema de Pappo Napolitano. Músico de Rock Argentino
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