Mi?rcoles, 25 de abril de 2007
Teodor Herzl, el hombre del sombrero de copa - Pilar Rahola

Su estampa, paseando con sombrero de copa y bast?n, por las calles de Budapest y de Viena, deb?a ser de una gran elegancia. Las im?genes que tenemos de ?l, nos retrotraen a las ?pocas de las barbas densas y cuidadas, el cuello almidonado de la camisa, el porte altivo, la mirada intensa. Me imagino una voz honda y un agudo sentido del humor.

Quiz?s ese humor jud?o, tan punzante. Debi? ser un hombre de gran categor?a. Y no me refiero solo al carisma del l?der, o a la mente visionaria del estadista, sino m?s a ras de tierra, me refiero al hombre. He le?do suficientes biograf?as de grandes nombres propios, como para saber que no siempre el hombre alcanza la categor?a moral de su propio mito. ?Cu?ntos personajes siniestros debajo de la piel de la fama! ?Cu?nta miseria cohabitando con la rutilancia de un papel en la historia! Pero Teodor Herzl dej? pistas muy precisas de sus valores morales, y, m?s all? de las palabras que marcaron el futuro de su propio pueblo, sus actos hablan de ?l, y hablan con grandeza.

Podr?a haber pasado por la vida sin complic?rsela, rico, jud?o pero asimilado, bien relacionado, ajeno a las vicisitudes y las tragedias que viv?a su propio pueblo. Pero no todos los hombres pasean por la realidad con el espejo de Stendhal, como si la observaran sin vocaci?n de cambiarla. El espejo de Herzl, situado ante la imagen vergonzosa de esa muchedumbre enloquecida que gritaba ??Muerte a los jud?os!?, mientras contemplaba la ceremonia de degradaci?n del capit?n Alfred Dreyfus, ese espejo se rompi? en a?icos, y Teodor Herzl pas?, de ser el despreocupado corresponsal en Par?s del liberal ?Neue Freie Presse? vien?s y autor de comedias en el Wallner Theater de Berl?n, a ser el estadista que escribir?a, en 1895, el ?Der Judenstaat?. ?Hab?a cesado la vida y se hab?a iniciado el cosmos?, relat? ?l mismo, mientras contemplaba los saqueos de tiendas a jud?os, la destrucci?n de las aulas de la Universidad de Rennes, desde donde se hab?a pedido una revisi?n de la condena, el intento de asesinato de Fernand Labori, el abogado defensor de Dreyfus, las violentas arengas de ?La libre Parole?, incitando al odio antisemita, incluso la militante actitud judeofoba de un hombre que ?l admiraba como Paul Valery ?Y todo ello en Francia, la patria de las libertades!? Herlz hab?a vivido algunos episodios antijud?os en su juventud, pero el espejo roto del affaire Dreyfus le reflejaba algo mucho m?s profundo: una cultura del odio densa, implacable, ancestral y, por lo que parec?a, irresoluble. Y lo llevaba a una conclusi?n clave: la asimilaci?n no era, ni ser?a nunca, la soluci?n.

Y, en 1895 escribi? algo m?s de cien p?ginas que nacieron con vocaci?n de hacer historia: ?Der Judenstaat?, publicado en Viena y en Leipzig en el 96, y traducido inmediatamente al ingl?s, franc?s y ruso. Pocos meses hab?an pasado desde el ignominioso proceso contra Dreyfus, que llevaron al ?nico capit?n jud?o del ej?rcito franc?s a una prisi?n perpetua en la ?Isla del Diablo?. Pero, para el pueblo jud?o, esos meses fueron la clave de un cambio radical de ciclo: el pueblo que hab?a sido perseguido secularmente, aunque nunca totalmente dominado, volv?a a ponerse en pie. Algunos estudiosos comparan el impacto del libro de Herzl, con obras de teor?a pol?tica tan fundamentales como el ?Contrato Social? de Rousseau. El hecho es que, para los miles de jud?os pobres y perseguidos de la Europa oriental, y para los miles de la otra Europa, la que no les enviaba cosacos con l?tigos, ni perpetraba progroms, pero gritaba ?Muerte a los jud?os? en las calles de Francia, o encumbraba como alcalde de Viena, a personajes de la catadura judeofoba de Kart Lueger, bien arropado por todo tipo de agresiones antisemitas, para todos ellos, el libro ?El estado jud?o? signific? un aut?ntico renacer. As? pues, sin haberlo buscado premeditadamente, sin tener ning?n halo prof?tico, sin ser un jud?o militante y comprometido, Teodor Herzl se convert?a en un Abraham de la modernidad. O quiz?s, tocado por la urgencia hist?rica, ser?a a la vez Abraham y Josu?, gu?a en la lenta traves?a del desierto, pero tambi?n el visionario que vislumbraba las murallas de Jeric? y decid?a derrumbarlas. No en vano, en ese 29 de agosto de 1897, reunidos, en el Casino Municipal de Basilea, ciento noventa y siete delegados de diecis?is pa?ses, pobres en su mayor?a pero rigurosamente vestidos de frac y sombrero alto, Teodor Herzl fue recibido con la m?tica expresi?n del pueblo jud?o libre: ?Tej? Ham?lej!?. ?Qu? viva el Rey! Las masas pobres y perseguidas de jud?os del mundo le daban, as?, el amparo y el apoyo que no le hab?an dado ni los grandes rabinos ni las grandes fortunas (bar?n de Rothschild incluido), ni la plutocracia jud?a de la ?poca. No en vano es importante recordar que el primer Congreso sionista ten?a que realizarse en Munich, y fueron los Protestrabbiner, los rabinos alemanes, los que consiguieron que el gobierno b?varo no autorizase su celebraci?n. Tem?an que cualquier proceso sionista relevante alimentara a?n m?s a la bestia antisemita.

?Tej? Ham?lej?, rey fue, un rey sin trono pero con toda la fuerza moral de los grandes patriarcas, capaz de escribir un futuro de esperanza all? donde la mayor?a solo ve?an la negritud del presente. ?En Basilea he fundado el Estado Jud?o. Dentro de 50 a?os cualquiera podr? verlo con sus propios ojos?, escrib?a en su diario personal. Cincuenta a?os despu?s, y con la pesada carga de la tragedia de la Sho? a las espaldas, los restos del naufragio jud?o se reun?an alrededor del Museo Municipal de Tel-Aviv. ?Am Israel jai be-Israel?, pronunci? con voz atronadora Ben Guri?n, y la profec?a de Herzl se cumpli? con incre?ble precisi?n: el pueblo de Israel viv?a ya y vivir? para siempre, en Israel. Ondeando en todas las esquinas de la patria recuperada, la bandera que Daniel Wolffsohn hab?a elegido para el nuevo estado libre. Esos chales de oraci?n, anta?o s?mbolo de la vida jud?a escondida y perseguida, y a partir de un 14 de mayo de 1948, convertida en la imagen orgullosa y p?blica de un pa?s libre.

La conversaci?n entre Sir Arthur James Balfour, l?der del Partido Conservador brit?nico, y Haim Weizmann, representante del Congreso
Sionista, fue en estos t?rminos, seg?n leo en unos textos de la Fundaci?n Wallenberg. Est?bamos en los albores del Siglo XX, y la Gran Breta?a acababa de ofrecer Uganda como sede del futuro estado jud?o: ?Se?or Balfour, suponiendo que yo le ofreciese Par?s en lugar de Londres, ?la aceptar?a?? ?Pero, doctor Weizmann, nosotros tenemos Londres?. ?Es cierto, pero nosotros ten?amos a Jerusal?n cuando Londres era un pantano?.

Esta an?cdota, y las otras muchas que podr?amos citar de los densos a?os de negociaciones y luchas por conseguir el estado, parece, en perspectiva actual, jocosa pero previsible. Sin embargo, para llegar a la frase de
Weizmann, y, muy especialmente, para llegar al estado de ?nimo colectivo
que permiti? verbalizar esa frase, el pueblo jud?o tuvo que hacer un largo recorrido. Y, sin ninguna duda, y m?s all? de cualquier exageraci?n
intelectual, Biniamin Zeev Herzl, nacido en Budapest en 1860 en el seno de una acomodada familia sefard? ( con probable origen catal?n; el apellido
?Diamant? de su madre es revelador), educado en el iluminismo germano, convencido secularista, escritor, dramaturgo y periodista, considerado por
Hanna Arendt como un intelectual ?nico, y elevado a la categor?a de ?influyente erudito? por el ilustre habitante del pabell?n de caza de la Kapuzinerberg salzburguesa, el escritor Stefan Zweig?, el hombre del traje impecable y el sombrero de copa, ese hombre llamado Teodor Herzl fue, sin ninguna duda, el esp?ritu, el motor, el intelecto y la fuerza de ese magno proceso. ?Im Tirtz? Ein Zo Agad?, ?si lo quer?is, no ser? una leyenda?, proclam? en Basilea, y su l?cida frase se convirti? en la expresi?n del renacimiento de la autoestima jud?a. ?Su perseverancia logr? que los jud?os lentamente comprendieran que la idea sionista no solo era justa, sino tambi?n realizable?, afirma Gustavo Perednik en un magn?fico art?culo. Tambi?n signific? una inyecci?n de crudo realismo y, sobretodo, una concienciaci?n pol?tica: no era suficiente con so?ar, citar, cantar el mito de Jerusal?n en cada Pascua, en cada fiesta. Se hab?an acabado los tiempos del lamento y el recogimiento. ?l, que hab?a escrito, entre otras, la obra ?Das neue Ghetto?, daba por finalizada la triste cultura del gueto: ni asimilaci?n, ni conversi?n, ni miedo. El pueblo jud?o ten?a que vivir p?blicamente su identidad, normalizarla entre los pueblos de la tierra, no temerla, no a?orarla, no esconderla. Y para ello, para vivirla con normalidad, ten?a que dejar de ser una ?anomal?a nacional?. Era necesario tener un ?Heimstate?, un ?hogar nacional?, el bello eufemismo que se us? en Basilea para no ?molestar? al imperio otomano. Es decir, era necesario tener un estado. ?No nos dejemos abatir por el odio que nos rodea. Somos un pueblo y contamos millones. El mundo no puede desinteresarse de nosotros si tomamos nuestra suerte en las propias manos. Ya que somos perseguidos y se nos aparta de los dem?s, trabajemos para lograr una existencia nacional, libre y normal?

Quiz?s esta sea la primera gran aportaci?n de Herzl, m?s all? incluso de sus ideas. Su aporte fue, en primera instancia, psicol?gico. Cogi? un pueblo diezmado por las persecuciones, mayormente empobrecido, con la autoestima colectiva agazapada en los viejos mitos y en los viejos sue?os, el pueblo con m?s pasado de la historia, pero sin futuro. Cogi? ese pueblo y le ense?o a construir el futuro. Le dot? de futuro. Cualquier in memoriam que hagamos a la figura de Teodor Herzl, tiene que empezar, inevitablemente, por situarlo en ese plano m?s sentimental que racional, m?s psicol?gico que argumental. Herzl fue un l?der de las emociones colectivas, y desde esa indomable fuerza, fue un l?der de las ideas. ?Carisma? Sin duda. Pero algo m?s que carisma: impregn? de fuerza a su gente. Y, a partir de ese momento, la maquinaria de la emancipaci?n empez? a trabajar precisa e imparable: construy? autoestima all? donde habitaban las zonas oscuras del autoodio; recuper? identidad, all? donde la asimilaci?n hab?a destruido las ra?ces; dot? de perspectiva hist?rica al presente y, so?ando horizontes lejanos, ense?? a los jud?os a creer en su libertad. ?Mientras en lo profundo del coraz?n, palpite un alma jud?a, no se habr? perdido nuestra esperanza?, asegura la Hatikva de Neftal? Herz Imbe. Teodor Herzl no poetiz? la esperanza del pueblo jud?o. Su grandeza estriba en que construy? la esperanza.

Su segunda grandeza adopta un cariz m?s prosaico. Sin duda el sionismo es muy anterior a Herzl, situado, en su perspectiva m?s simb?lica, en los albores mismos de la idea del retorno. Podr?amos decir que nace al d?a siguiente del cautiverio de los jud?os de Samaria por parte del rey asirio Sarg?n II, y, por supuesto, durante el exilio babilonio del pueblo jud?o de Jud? por parte del rey Nabucodonosor. Como alguien ha se?alado, el primer documento sionista escrito puede leerse en la Biblia, en el salmo 137: ?Junto a los r?os de Babilonia nos sentamos y lloramos recordando a Si?n?? Vinculado, como concepto, al exilio y, por ende, al deseo del retorno, podr?amos hablar de un sionismo, m?s o menos latente, m?s o menos emotivo, que ha acompa?ado toda la historia del pueblo jud?o en su di?spora. Pero el sionismo que Herzl convierte en movimiento hist?rico, cuyos notables antecedentes llegan al mism?simo Baruj Spinoza (?los jud?os reconstruir?n su estado cuando las circunstancias est?n maduras para ello?), tienen en Mois?s Mendelssohn a su m?s ilustre precursor, y cuya concreci?n m?s rotunda es la Primera Ali? que se produce quince a?os antes del Congreso de Basilea, ese sionismo no es emotivo, sino pol?tico. ?Debido a su prolongada servidumbre, los jud?os no tendr?an el esp?ritu de libertad que requiere la empresa de un estado?, habr?a dicho Mendelssohn, en pleno siglo de las Luces, a Rochus Friedrich Conde de Zu Lynar, el terrateniente saj?n que le propuso un estado jud?o en Palestina. Cien a?os m?s tarde, y a pesar de la destrozada autoestima, de las arcas vac?as del pueblo jud?o, paup?rrimo en muchas zonas, y de todas las dificultades que desaconsejaban la idea, el sionismo estaba maduro para transformarse en un hecho pol?tico. Herzl fue ese pol?tico para la idea pol?tica que convert?a una emoci?n, en una posibilidad tangible. Los jud?os abandonaban para siempre el terreno escurridizo, bello pero ineficaz de la pura nostalgia.

Y de la idea, a su concreci?n. Mucho se ha escrito sobre su otro libro clave, el ?Altneuland?, esa ?Vieja Nueva Tierra? inmortalizada para siempre en el nombre de la ciudad que so?? en Eretz Israel, Tel Aviv. Rotos los sue?os de la asimilaci?n, quebrada la vieja idea de que ?con elevaci?n espiritual? se superar?an todos los prejuicios antijud?os (Francia era la concreci?n m?s sangrante de esa quiebra), acu?ada la convicci?n de la necesidad de un estado propio que acabara con la ?anomal?a nacional? del pueblo jud?o, Herzl se dedic? a la otra gran labor del estadista: dar forma al estado. La idea m?tica de una Tierra de Promisi?n ?cultivada y pr?spera? que ?l visualiz? en su primer viaje a Palestina, y que plasm? en 1900 en el Altneuland, nos da la categor?a moral de su gran proyecto, y tambi?n nos retrotrae a la categor?a moral del personaje.

Podr?a haber pasado a la historia por ser, solamente, el gran te?rico de ciencias pol?ticas que fue, y cuyos textos tuvieron el impacto social que solo consiguen los grandes pensamientos. Pero fiel a su iluminismo germ?nico, Herzl sab?a que ninguna idea es realmente transformadora sino est? estrechamente vinculada a una concepci?n ?tica, de ah? que no solo concibi? la idea de un estado jud?o. Concibi?, adem?s, la idea de un estado jud?o mod?lico. ?Una luz para las naciones?, escribi? amparado en una concepci?n de socialismo ut?pico, cuya concreci?n detall? con minuciosidad. Se completaba, as?, el c?rculo: el antisemitismo era una lacra secular que no part?a de una contingencia hist?rica concreta, sino que era socia fundadora de la propia Europa; el affaire Dreyfus, en la patria de la libertad, era el ejemplo m?s paradigm?tico de la ineficacia de la asimilaci?n jud?a; los jud?os no ten?an otro remedio que conseguir romper con su ?anormalidad? nacional, si quer?an sobrevivir como pueblo; el retorno a Jerusal?n pasaba del mito al proyecto, y del proyecto a la realidad posible; y, creado el estado, los jud?os ten?an que demostrar una calidad moral inigualable, construyendo una sociedad justa, tolerante y culta. Por so?ar, lo so?? casi todo: cooperativismo agr?cola, leyes sociales, tolerancia religiosa, solidaridad con los emigrantes, incluso una especie de I+D prematuro, donde la ciencia y la tecnolog?a eran la base del desarrollo del pa?s. Lo ?nico que no se atrevi? a so?ar fue la recuperaci?n del hebreo, quiz?s porqu? ese era un sue?o realmente inimaginable. Herzl resolv?a la cuesti?n idiom?tica con una especie de federalismo ling??stico al estilo suizo. D?cadas m?s tarde, el estado de Israel que ?l teoriz?, concret? y so??, decidi? llegar mucho m?s lejos en sus sue?os de lo que nunca lleg? su creador: el hebreo super? el vac?o de dos milenios de inexistencia, y pas? a ser una de las lenguas m?s din?micas de la modernidad.

Y as? fue como la b?blica Cana?n, la tierra del ?man?, la leche y la miel?, la anhelada Palestina, sede (en expresi?n de Borges) de esa ?gran copa donde se han decantado y acumulado los sue?os, las vigilias, las oraciones y las l?grimas de quienes no la vieron nunca pero sintieron hambre y sed de ella?, la m?tica Jerusal?n?, as? fue como Tierra Santa dej? de ser un anhelo emocional para pasar a ser una idea pol?tica. El siguiente paso, hasta llegar al Derecho Internacional, base de la seguridad del pueblo jud?o, se vislumbraba complejo, duro, largo?, pero era m?s simple que el primer paso dado. Como bien supieron los luchadores contra la esclavitud negra, lo m?s dif?cil no es conseguir la libertad de un pueblo. Lo m?s dif?cil es creer que es posible so?arla. Y eso consigui? Herzl: consigui? hacer so?ar en un tangible, despu?s de siglos de anhelar sentimientos intangibles. En este sentido, me atrevo a asegurar que la historia podr?a haber dado muchas vueltas y haber tomado caminos muy diversos, pero despu?s del impacto de la figura de Teodor Herzl en el consciente colectivo jud?o, todos los caminos habr?an llevado a la creaci?n del estado de Israel.

Lo que nadie pod?a prever, a pesar de las muchas alarmas, a pesar de siglos de ret?rica deicida cristiana, a pesar de la Francia de Dreyfus y de la Rusia de los progroms, como el mismo de Kishinev que Herzl presenci? en persona, lo que nadie pod?a imaginar ni en sus peores pesadillas, es que llegar?a lo que Claude Lanzmann defini? como ?la destrucci?n del alma humana?, la inmensa locura, la inmensa tragedia, la inmensa maldad del Holocausto. En mi texto ?A favor de Israel? lo escrib? en estos t?rminos: ?la relaci?n de Europa con lo jud?o, propio y extra?o a la vez, ha sido siempre la cr?nica de un harakiri planificado, hasta el punto de llegar a un sinsentido hist?rico: Europa no se explica sin lo jud?o y, al mismo tiempo, siempre se ha explicado contra lo jud?o. Es decir, contra s? misma?. Para a?adir: ?Finalmente, despu?s de siglos de intentarlo, Europa ha conseguido destruir su alma jud?a. Al hacerlo, se ha envilecido hasta tal punto que, en cierto sentido, ha muerto. Por eso, lo que queda de Europa despu?s del holocausto se parece tanto al esperpento valleinclanesco: el espl?ndido h?roe ?pico reflejado en el espejo c?ncavo. Distorsionado. Embrutecido. Desprovisto de toda grandeza?. En los hornos crematorios quemaron las vidas, los anhelos, las muchas pieles, la memoria, la historia del pueblo jud?o europeo. Y al pensar en ello, con ese ahogo en el alma que siempre sobreviene con la sola menci?n de la Sho?, no puedo evitar pensar en ese hombre altivo, clarividente y decidido que intent? todas las v?as diplom?ticas para conseguir un estado para su pueblo. Sus entrevistas con los grandes mandatarios de la ?poca, con el Gran Duque de Baden, con el propio Kaiser Guillermo II, con ministros de la Corona Brit?nica y del imperio ruso (abortadas sus expectativas de tener audiencia con el zar Nicol?s II), con el rey de Italia V?ctor Manuel II, con el propio papa P?o X, que le corrobor? la posici?n cl?sica del Vaticano: negativa al retorno masivo de jud?os a Tierra Santa? Y, por supuesto, sus diversas tentativas con el Sult?n Abdul Hamid, que fue mareando la perdiz de sus esperanzas?, hasta destruirlas. Me lo imagino sacando fuerzas de su pragmatismo para intentar explicar a unos desconcertados jud?os que, quiz?s, provisionalmente, pod?an intentar la colonizaci?n jud?a de Argentina, o que Uganda pod?a ser un hogar, o pod?a serlo la regi?n de El-Arish, cerca del Sina?, tal como le planteaban Lord Landsdowne, o incluso alg?n punto perdido de la Mesopotamia. El sue?o era el retorno a Eretz Israel, pero la prioridad era conseguir un hueco propio en el Derecho Internacional, aunque fuera con la estramb?tica idea de crear un hogar nacional jud?o en plena ?frica oriental. Entiendo perfectamente la reacci?n contra Herzl de los jud?os que se enfrentaron a ?l en el ?ltimo congreso que presidi?, precisamente el conocido como ?Congreso de Uganda?. Pero despu?s de los hornos crematorios y del exterminio de millones de jud?os, expres? mi admiraci?n m?s profunda por su visionaria obsesi?n. M?s all? de los sentimientos, incluso m?s all? del derecho hist?rico, mucho m?s all? de los mitos y las liturgias, m?s all? de la poes?a del retorno, Teodor Herzl consider? una prioridad absoluta negociar primero la dura prosa del reconocimiento internacional. Y, para desgracia de la humanidad, la historia le ha dado la raz?n.

No quiero, ni puedo acabar estas l?neas personales de homenaje a Teodor Herzl, sin defender p?blica y decididamente algo que resulta, en estos tiempos, pol?ticamente incorrecto: la bondad del sionismo. Lo digo en estos t?rminos, porqu? vivimos nuevamente tiempos agitados, sobrecargados de ret?ricas del odio y la intolerancia, donde la cuesti?n jud?a, y muy especialmente, la cuesti?n antijud?a vuelven al primer plano de la actualidad. Es cierto que el antisemitismo, como lacra estructural, nunca ha dejado de ser actual, m?s o menos visceral en funci?n de los pa?ses y las contingencias. Pero tambi?n lo es que, despu?s del holocausto y de la creaci?n del estado de Israel, ?ste es el momento hist?rico m?s abrupto, m?s alarmante y m?s peligroso que hemos vivido. Lejos queda el recuerdo de esa resoluci?n 3379 que, para verg?enza de la ONU, equipar?, en 1975, al sionismo con el racismo. Aunque, si tenemos en cuenta que la ONU, a lo largo de su historia, ha emitido alrededor de un centenar de resoluciones sobre Israel, la mayor?a en su contra, y solo ha emitido una t?mida resoluci?n sobre el Sud?n, pa?s que lleva la friolera de un mill?n de muertos en diez a?os de ofensiva isl?mica fundamentalista contra el sur cristiano y animista, podemos hacernos una idea de la credibilidad moral de la venerable Asamblea General de Naciones. Secuestrada por la voluntad de las m?s de 150 dictaduras que la componen, obligada a dar voz, papel y activos a pa?ses vinculados al terrorismo como Libia, Siria o Ir?n ?Libia lleg? a presidir la Comisi?n de Derechos Humanos, y Siria, fruto de un ?cido humor negro, compone la comisi?n de lucha contra el terrorismo-, y reh?n de la voluntad del poderoso lobby ?rabe, hoy por hoy la ONU es una organizaci?n claramente lesiva para Israel. Abiertamente contraria. Inequ?vocamente parcial. Activamente adversaria. ?Qu? pensar?a Herlz, ?l que luch? denodadamente por conseguir el Derecho Internacional para el pueblo jud?o, si hoy viera c?mo se usa el ?rgano que te?ricamente tutela ese derecho, para actuar contra el derecho israel?? La historia tiene una tendencia irresistible al sarcasmo.

Aunque la resoluci?n 3379 fue posteriormente derogada, su intenci?n ha perdurado a lo largo de d?cadas y, exactamente igual que la mayor?a de los t?picos antisemitas ancestrales, ha demostrado una notable buena salud. Muchos fueron los intelectuales que creyeron, despu?s del agujero negro de la Sho?, que se hab?a erradicado para siempre el antisemitismo. ?Pod?an perdurar las maldades de los ?Protocolos de los Sabios de Si?n?, despu?s de haberse convertido en la base de la propaganda de Goebbels, paso previo a la muerte de millones de personas? Y, ?despu?s de Auschwitz, pod?an creerse las patra?as del ?Jud?o internacional? de Henry Ford, y sus teor?as sobre las dos Wall Street, la buena, encabezada por la antisemita Casa Morgan, y la mala, dirigida por el complot jud?o mundial? ?Se pod?a mantener la maldad del deicismo cristiano, despu?s del c?mplice papel con los nazis del papa Pio XII, y de la activa responsabilidad hist?rica de la iglesia cat?lica, en la creaci?n y consolidaci?n del prejuicio antisemita? Los hechos est?n ah?, para desgracia de la tolerancia y para verg?enza de la inteligencia. Hoy, los ?Protocolos?, al igual que el ?Mein Kampf? de Hitler, son aut?nticos best-sellers en el mundo ?rabe, y lecturas habituales en todo el mundo isl?mico, en cuyas librer?as, a menudo, forman parte de los libros de aparador. Y no hay que olvidar que, en pleno Ramad?n del 2002, un canal de televisi?n egipcia y otras televisiones de Medio Oriente llegaron a emitir una serie de 41 cap?tulos titulada ?Jinete sin caballo?, cuyo h?roe era un ?rabe que, contra viento y marea, intentaba demostrar la verdad del complot jud?o. Por supuesto, y a pesar de las triqui?uelas del malvado jud?o de espesa barba y larga nariz, finalmente lo consegu?a, y el ?xito de la serie fue indescriptible?En el mundo occidental, las reediciones de estos libros son permanentes y uno puede encontrarse con ellos con bastante facilidad. Dos experiencias cercanas relatan mis ?ltimos motivos de honda indignaci?n. En abril de este a?o, en la v?spera de tener el honor de recibir el premio Javer Olam por parte de la comunidad jud?a chilena, en la conmemoraci?n del Iom Hashoa, me dediqu? a pasear por los tenderetes de libros de la Plaza de Armas de Santiago de Chile. All?, entre recopilatorios de Neruda, reediciones de Borges y antolog?as de Mafalda, ganaba su espacio, con un pomposo anuncio en grandes letras, el ?Libro secreto de Hitler?. Sin duda, el tendero que oy? mis improperios debi? pensar que estaba ante una pobre loca. Hitler y Mafalda, pues, en feliz compa??a? Y hace pocos d?as, buceando por la Red a la b?squeda de alguno de esos textos antisemitas que abundan a miles, el buscador me envi? a una web muy conocida, cuya finalidad es un mundo mejor, un discurso alternativo, la pluralidad, la solidaridad, la multiculturalidad, la biodiversidad y todo el resto de amplios conceptos abstractos tan al uso de la ret?rica de extrema izquierda. Conceptos que generalmente conviven en franca armon?a con el antisemitismo m?s puro y duro. Recordemos, sino, los enormes esc?ndalos antisemitas que significaron Porto Alegre y Durban. Y as? fue. En Indymedia, el sitio estrella de todos los alternativos del mundo, me encontr? con amplios fragmentos de los Protocolos, que ejemplificaban la maldad jud?a intr?nseca y su complot para dominar el planeta. Por supuesto, tambi?n me encontr? con algunos buenos insultos a mi persona, por mi actitud a favor del derecho de Israel a su existencia. La extrema derecha y la extrema izquierda, d?ndose la mano en el lugar com?n de la judeofobia.

Decenas ser?an los ejemplos del d?a a d?a. Ni el deicismo cristiano ha desaparecido como perversa acusaci?n ?ah? tenemos a Mel Gibson elevado a la categor?a de ilustre Goebbels hollywoodense-, ni ha desaparecido de cuajo la literatura que durante d?cadas aliment? los caminos del odio y nos condujo a la estaci?n final de Auschwitz, ni han sido erradicadas las m?s mal?volas mentiras de la juedofobia. En el mundo isl?mico, las mentiras cabalgan en su forma ortodoxa, sin complejos neonazis, sin culpas hist?ricas. En el mundo occidental, tan sobrecargados de mala conciencia, las hemos revestido de progresismo, las hemos reformulado con gram?tica alternativa, y, con su vestidito nuevo, las hemos vuelto a lanzar al ruedo. ?Cu?ntos peri?dicos serios, cu?ntos sesudos intelectuales, cu?ntos periodistas cre?bles no han hablado del ?lobby jud?o americano? como responsable de la guerra contra Iraq? ?Cu?ntos no pasean el ?poder del lobby jud?o de Wall Street? como responsable de cualquier pol?tica exterior norteamericana? Fusionados el antisemitismo (en su reformulaci?n moderna: el antisionismo) y el antiamericanismo, el resultado es una nueva literatura de la intolerancia antijud?a, perfectamente cuajada en la prensa, profusamente difundida en la universidad, alegremente vociferada en los p?lpitos de la inteligencia, e irresponsablemente digerida por todos los est?magos de bien de nuestras ordenadas y bienpensantes sociedades. Lo escrib? en estos t?rminos en un art?culo sobre la actitud de Francia respecto a los jud?os: ?Sin duda Francia acarrea un cargante legado hist?rico, a pesar de sus esfuerzos por hacer olvidar al mundo que existi? el colaboracionismo franc?s y que miles de jud?os franceses fueron enviados a la muerte. Al igual que la bonita Austria, que ha hecho creer que todo el pa?s era la Familia Trapp, tambi?n Francia nos ha vendido que todo fue ? la resistence?: su buena mala memoria? Nada extra?o en el pa?s m?s antiamericano de Europa, a pesar de tener enterrados, en su tierra, m?s de 65.000 americanos que murieron para salvarlos. Pero la acusaci?n de Sharon, y la acusaci?n de la ADL americana, preocupada por la oleada antisemita en Europa, y la del mismo Parlamento Europeo a trav?s del informe presentado en Estrasburgo, y la acusaci?n de muchos de los que hace tiempo que alertamos sobre la amenaza, no se dirige contra una Europa o una Francia fascista, sino contra una Europa liberal pero antisemita, que no es lo mismo. M?s parecida, pues, a la Francia correcta y bienpensante que conden? a Dreyfus, que no a la Francia de Vichy?. Un antisemitismo de sal?n, culto, bien situado, convencido de la correcci?n de su pensamiento, perfectamente camuflado bajo un antiisraelismo visceral y patol?gico, justificado con la siempre decorativa convicci?n de la solidaridad con los d?biles. Hoy, en Europa, es pol?ticamente correcto ser antiisrael?. Es pol?ticamente correcto ser antisionista. Y no es pol?ticamente correcto declararse antisemita, aunque, mayoritariamente, el antiisraelismo y el antisionismo son la fusi?n moderna de la judeofobia m?s cl?sica.

Sin embargo, considerar el sionismo una forma de racismo o de exclusi?n, y hacer, de la cr?tica frontal a este gran concepto, un pensamiento ?tico, no solo es una profunda injusticia hist?rica, sino que es una ignominia. Hoy, aqu?, en el marco del centenario de Teodor Herzl, creo que es pertinente afirmar que el sionismo ha sido, desde el origen, un concepto justo, nacido desde una concepci?n justa, y pensado para construir una sociedad justa. ?El mundo se liberta con nuestra libertad, se enriquece con nuestra riqueza y se engrandece con nuestra grandeza?. La expresi?n es de Herzl, en su ?Estado jud?o?, pero podr?a ser de Mendelssohn, convencido de la estrecha relaci?n entre judeidad y libertad, o de cualquiera de los pensadores jud?os que contribuyeron decisivamente a construir el pensamiento de la modernidad, y cuya actividad intelectual siempre estuvo ligada al sentido de justicia. El sionismo naci?, luch? y se consolid? como un movimiento libertador y solo desde una perspectiva de civilizaci?n y progreso, tuvo sentido. Por tanto, su aportaci?n al pensamiento de la humanidad tiene que ver con los conceptos m?s nobles que pueden movilizarnos: la libertad, la convivencia, la tolerancia, la cultura y la justicia.

S? que vivimos tiempos de confusi?n. Tiempos en que la distorsi?n informativa forma parte de los c?digos deontol?gicos del periodismo, y convierte el complejo escenario de Tierra Santa, en una confrontaci?n entre buenos y malos, entre v?ctimas y verdugos. El manique?smo es, hoy, una forma concurrida y aplaudida de periodismo. Tiempos?, tiempos en que la historia se reescribe y crea falsedades paralelas, recreadas como aut?nticas. As?, lentamente, ha ido cuajando la idea de que los jud?os son usurpadores de su propia tierra, colonizadores de su propia patria, cuerpos ajenos ca?dos en aquel lugar del mundo por capricho del azar. Por supuesto, invasores. Tiempos?, tiempos en que un peque??simo pa?s de 20,770 kil?metros cuadrados, que no ha tenido ni un solo d?a de paz estable, rodeado de decenas de naciones que quieren su desaparici?n, agredido desde fuera y desde dentro, violentado por un terrorismo cuyas ra?ces log?sticas y financieras se hunden en los despachos oficiales de algunos lindos pa?ses miembros de la ONU, sin pr?cticamente aliados y con el certero convencimiento de que su supervivencia depende exclusivamente de su propia capacidad de defensa, ese pa?s es el que tiene que pedir perd?n por existir, perd?n por defenderse y perd?n por vencer. Tiempos en que la criminalizaci?n de Israel forma parte de la moda intelectual, mientras decenas de pa?ses teocr?ticos, desp?ticos y fan?ticos salen de rositas sin apenas merecer nuestra ilustre preocupaci?n. Tiempos en que un l?der violento, corrupto y desp?tico como Arafat, se convierte en un h?roe ?pico. Tiempos en que un nuevo totalitarismo, heredero directo de los dos grandes totalitarismos del siglo XX, el estalinismo y el nazismo, y como ellos antisemita, nihilista y criminal, convierte el mapamundi en la l?nea de fuego, socializa el terror y llena las calles del mundo con decenas de muertos. Pero en esos mismos tiempos, la principal preocupaci?n de nuestra Intelligentsia, nuestros periodistas y nuestros activistas de la paz, es el antiamericanismo y el antiisraelismo. Tiempos? En estos tiempos de substituci?n de las ideas por las consignas, de los debates por las pancartas, del pensamiento complejo por el pensamiento ?nico, el sionismo no encuentra el lugar de honor que mereciera tener. Al contrario, como el propio estado que consigui? para su pueblo diezmado, como el propio pueblo al que libert?, como la propia cultura solidaria y justa de la que naci?, es denostado, demonizado y vilipendiado. Queda bien, en los salones del pensamiento, ser militantemente antisionista. La imbecilidad ilustrada est? de moda.

No puedo imaginar qu? habr?a pensado Teodor Herzl si hubiera vivido hasta nuestros d?as. ?l, que form? parte de la elite del pensamiento del siglo XX all? mismo donde naci?, en el coraz?n de la Mittel Europa, dif?cilmente podr?a entender la insolidaridad de la intelectualidad europea actual. Una intelectualidad que le expulsa, a ?l, un hombre de justicia y progreso, del pensamiento justo. Claro que?, ?qu? habr?a pensado del s?ndrome de Chamberlain que recorri? las mentes de las buenas gentes de la Europa del nazismo? Y hoy, ?qu? pensar?a de de la heredera de esa organizaci?n que ten?a que velar por el Derecho Internacional, la bonita, ingenua, decorativa, in?til y profusamente antiisrael? ONU?

Vivi? solo 44 densos, intensos, emotivos, entregados a?os. Su escaso tiempo se convirti? en un tiempo inmortal, y su figura, tocada por la elegancia de una cultura elegante y un elegante porte, se proyecta m?s all? de sus propios logros, mucho m?s all? de sus propios sue?os. ?Im Tirtz? Ein Zo Agad?, y as? lo quisieron, y por ello no fue una leyenda. A pesar de no tener a?n un estado seguro donde vivir la normalidad jud?a, sin la anormalidad intempestiva y cotidiana de la violencia. A pesar de respirar la libertad nacional, contaminada por el desprecio, la incomprensi?n y la agresi?n exteriores. A pesar de haber conseguido la preciada bandera en la ONU, sin poder ondear con la tranquilidad que mereciera el derecho conquistado. A pesar de tantos pesares, el pueblo jud?o lo quiso, y desde que lo quiso, abandon? el mito, guardo con celo la leyenda, archiv? las m?ltiples pieles de la nostalgia, y construy? el futuro. Lo que hoy existe es fruto de la voluntad de existir y de la convicci?n de poderlo conseguir. Herzl sent? las bases de esa voluntad y de esa convicci?n. No fue rey, aunque poblaba barba de patriarca. Pero tuvo la grandeza de los grandes reyes b?blicos. Como ellos, atraves? desiertos, luch? contra los elementos, hizo temblar murallas y nunca abandon? a su pueblo. Descanse en paz para siempre en la tierra que so?? libre.

23 Apr es_israel.org

Tags: herzl, pilar, rahola, utopia, sueños, israel

Publicado por javerim @ 14:19  | ISRAEL la nueva casa
Comentarios (4)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Invitado
Lunes, 13 de octubre de 2008 | 2:54
FlashFlashFlashFlashFlashFlashFlashFlashFlashFlashFlash
Publicado por carlos
S?bado, 20 de junio de 2009 | 22:22
chupenla conchatumare maraco culiao
Publicado por Carol
Mi?rcoles, 13 de octubre de 2010 | 17:43

Gestos con las manos Gestos con las manos Gestos con las manos Gestos con las manos Gestos con las manos Gestos con las manos Gestos con las manos Gestos con las manos Gestos con las manos

Hola me gusto......y este lo marque en el 2010 ahora tu marca el 2011

Publicado por Invitado
Martes, 04 de enero de 2011 | 6:58
Czeœæ wszystkim z tej strony! Bardzo mi³o was spotkaæ! Postaram siê udzielaæ Sonrisa Do zobaczenia! --- [url=http://akcesoria.do.pedicure.kosmetyka123.com/646]akcesoria do pedicure[/url] [url=http://akcesoria.do.pedicure.tipsy123.com/645]akcesoria do pedicure[/url] [url=http://akcesoria.do.pedicure.paznokcie123.com/648]akcesoria do pedicure[/url] [url=http://akcesoria.do.pedicure.kosmetyka123.com/650]akcesoria do pedicure[/url] [url=http://akcesoria.do.pedicure.paznokcie123.com/649]akcesoria do pedicure[/url] [url=http://akcesoria.do.pedicure.tipsy123.com/647]akcesoria do pedicure[/url] [url=http://akcesoria.do.pedicure.paznokcie123.com/651]akcesoria do pedicure[/url]