Lunes, 30 de julio de 2007
*Rosario, mi ciudad. Por el negro Fontanarrosa*


Somos creativos, a falta de paisaje, Rosario tiene lindas minas y buen
futbol.

?Qu? m?s puede pretender un intelectual?

Esa es mi respuesta cada vez que me preguntan por qu? vivo en Rosario. Hecho
que, por otra parte, no es demasiado curioso. Un mill?n doscientas mil
personas han tomado la misma determinaci?n.

Lo de las mujeres, se?ores, es destacable.

M?s de una vez pens?, y hasta lo propuse, que si hab?a que hacer una campa?a
publicitando Rosario como destino tur?stico, a falta de mar, picos nevados o
juegos de azar, tem?amos que hacer hincapi? en lo de las mujeres.

Considerando, adem?s, que ya pas? aquel momento brillante de la ciudad,
cuando se proclamaba Capital Mundial de la Prostituci?n y miles de turistas
llegaban a la Chicago Argentina en busca del luminoso barrio de Pichincha.

Momento que, por l?gicas razones cronol?gicas, no pude vivir, lo que me
recuerda aquella frase de Woody Allen:

"Yo me perd? la Revoluci?n Sexual por dos meses".

Admito que nunca encontr? una frase impactante para mi propuesta
publicitaria.

La fellinesca "Rosario, la ciudad de las mujeres" suena un tanto obvia y sin
gracia.

"Rosario, Capital Nacional de la Potra", rotunda y aceptada r?pidamente por
la vulgaridad de mis amigos, era sin duda burda y bastante peyorativa hacia
el g?nero femenino.

Buscar algo en torno a "loba", nos hubiera emparentado demasiado con Roma.

La idea qued? en la nada.

Este impulso m?o de resaltar la belleza de las mujeres locales se
contrapone, parad?jicamente, con un inquietante y revelador teorema que
estoy por lanzar en breve mediante mi ensayo: Somos todos Feos.

Sostengo all?, valientemente, que el 90% de los seres humanos nos dividimos,
est?ticamente, entre normales, feos y horribles.

S?lo hay, lo lamento, un 10% de bellos, que son aquellos a los que se les
paga por su condici?n de hermosos, aparecen en las tapas de las revistas,
desfilan en las pasarelas y brindan sus nombres a perfumes costosos.

No se les exige decir frases ingeniosas, pensar o emitir opiniones
profundas.

S?lo se les reclama que sean lindos.

Cuando se generaliza diciendo "La mujer brasile?a es bell?sima" o "El hombre
argentino es muy buen mozo", se habla, duro es admitirlo, de un 5% de
nuestros habitantes.

Pero toda teorema tiene su excepci?n, mis amigos.

Y debo aceptar que la mujer rosarina (como la de Cali, Colombia) esta muy
pero muy buena.

Rebuena, dir?an los chicos.

Y aqu? tambi?n arriesgo un par de Explicaciones a tal fen?meno natural.

Primero: la soja. Esta leguminosa (hoy por hoy alimento estrella a nivel
mundial) es la base nutricia de la mujer rosarina, la que la hace m?s
s?lida, m?s maciza, m?s protuberante y m?s sabia.

Segundo: la pendiente de la ciudad hacia la costa. Desde la ?poca de las
lavanderas, nuestras se?oras han debido bajar hacia el r?o, descender hacia
el Paran? por calles empinadas como Laprida o Rioja, lo que las obliga a
echarse hacia atras buscando el equilibrio, comprimiendo los gl?teos,
tensando los m?sculos del est?mago y sacando pecho, para sostener, ademas,
el canasto de ropa sobre sus cabezas. Los resultados estan a la vista, mis
amigos, aunque no todos al Alcance de la mano.

Usted no puede darse vuelta a mirar a una se?ora en la peatonal C?rdoba
porque se pierde. Se pierde la que viene de frente.

La exaltaci?n de las mujeres, asimismo, se entronca en el recurso rosarino
de defender la ciudad rescatando el paisaje humano ante la moderada oferta
de atractivos geograficos mayores.

Seamos realistas, el Paran? boca arriba (como poetisa Pedroni) es enorme,
pero no es el mar y alrededor no tenemos ni siquiera mansas serran?as, como
C?rdoba.

Entonces, cada vez que el rosarino habla de Rosario, menciona Nombres y
apellidos: el Che Guevara, Olmedo, Fito Pa?z, Baglietto, el Gato Barbieri,
etc. etc. etc.

Por ah? va la cosa. M?s que nada por el lado de la Cultura.

Y sobre la cultura rosarina siempre hay una mirada curiosa, desde otras
latitudes.

?"Por qu? en Rosario se produce un movimiento Cultural tan grande?", suelen
preguntarme periodistas porte?os, por ejemplo, que llegan a Rosario y no
encuentran lugar en los hoteles, copados por un miniturismo atra?do por la
oferta de teatro y espectaculos musicales, cuando no congresos o simposios.

"Porque en Rosario no hay otra cosa para hacer" contesto yo, medio en serio,
medio en broma.

Lo que no es Absolutamente cierto, pero que alg?n viso de realidad tiene.

Las ciudades tur?sticas no se caracterizan por generar cultura.

En Bariloche, digamos, la gente tiene puesta su energ?a en alquilar esquies,
elaborar chocolate, ahumar ciervos y ofrecer perros San Bernardo con los
cuales sacarse fotos.

En Mar del Plata la energ?a recaer? en ofrecer barcas para pescar tiburones,
organizar un Bikini-Open, fritar cornalitos y vender choclos en Punta
Mogotes.

Siempre me pregunto "?Cuantos escritores dio Las Vegas?".

Debe darse, ademas, en ciudades como Rosario, un condimento de contagio.

"Si de aca sali? Fito -se preguntara alg?n pibe y sali? Baglietto y sali?
Litto Nebbia. ?Por qu? no puedo salir yo?".

Los proyectos art?sticos no suenan, entonces, tan descabellados.

Como nadie se asombra en Rosario si un pibe apunta para futbolista
profesional.

Todos conocemos varios, hijos de amigos, sobrinos o conocidos que ha
aparecido en las inferiores de ?uls, Central o Renato Cessarini.

En definitiva, Rosario es como una Buenos Aires mas chica, Afortunadamente
mas chica y con muchos menos habitantes.

Soy, lo confieso, uno de los tantos rosarinos que anhelan, ego?stamente, que
no seamos millones.

Nadie ha podido explicarme cual es la ventaja de ser much?simos, donde
radica el beneficio de ser como San Pablo, o ciudad de M?xico, exagerando.

Rosario es una ciudad de inmigrantes, marcadamente Italiana, mas tanguera
que folcl?rica, mas comerciante que colonial, que busca un perfil
identificatorio a trav?s de lo que hace y produce, pero claro, nuestra
proximidad con Buenos Aires a veces nos mimetiza con ella.

Hablamos como los porte?os, el tango nombra a San Juan y Boedo antiguo y
todo el cielo pero ignora el Monumento a la Bandera, no tenemos un cantito
como cordobeses, tucumanos o santiague?os y todo esto, en ocasiones, nos
acompleja, nos hace pensar que no somos diferentes ni reconocibles o que nos
falta una personalidad clara y avasalladora.

En verdad, nunca me desvel? ese tema.

"El estilo es la insistencia" dijo alguien. Y es ocioso sentarse a esperar
un estilo. Poco habr?a producido yo si, antes de empezar a dibujar, hubiese
pretendido definir mi estilo.

El estilo aparecer? con el correr del l?piz. A mi juicio la identidad, como
el movimiento, se demuestra andando. Con una buena cuota de creatividad.
Rosario es una ciudad de creativos, mis amigos. Por algo Belgrano, para
crear la bandera, eligi? Rosario.

*Roberto Fontanarrosa*

(Humorista dibujante y escritor argentino, nacido, criado y radicado en
Rosario)

Tags: fontanarrosa, dibujante, escritor, mujeres, anecdotas, creatividad

Publicado por javerim @ 12:33  | Argentina, la otra mitad
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