martes, 11 de septiembre de 2007
Costumbres orientales
Imagen



El otro día salí apurado. En el camino al trabajo sentí que me faltaba algo. Había olvidado el celular. Pensé en volver a buscarlo pero no podía. Llegaría tarde a una reunión. Me sentí raro, incómodo, desconectado del mundo, como si faltara algo esencial.



Intenté tranquilizarme pensando que al llegar a la oficina tendría teléfono y conexión a internet. Eso no ayudó. En ese momento pensé que si había vivido más de treinta y pico de años sin celular bien podía pasar 24 horas sin él.

Es increíble como algunas cosas se van tornando imprescindibles. El celular, el acceso a Internet, bajar los mails, contestarlos, los mensajes de texto. Algunos lo saben e intentan sacarnos el dinero mientras nos proponen salvar o condenar a los que bailan o patinan por sueños. Otros pretenden vendernos productos que mejorarán nuestra performance en la vida o la cama.
Nos acostumbramos a ello y no hacemos un alto para darle a las cosas su justo valor.

Lo mismo nos está pasando con las noticias. Ya casi no comentamos las que otrora provocaban reacciones. Como los habitantes del Londres que imaginó Orwell en su novela 1984, aceptamos casi sin reaccionar declaraciones y hechos inconcebibles en otros tiempos. Es como si tanta contradicción nos hubiera sedado.

Un ejemplo es lo que pasó la semana pasada. Los ministros de Economía, Ganadería, e Industria recibieron a los representantes de la multinacional, Weyerhaeuser. Esta empresa posee una millonaria inversión en tierras, forestación y fábricas en Tacuarembó y Rivera.

La multinacional está preocupada por la ley que prohíbe a las sociedades anónimas de capital accionario al portador, como ella, ser propietarias de campos. También con los continuos anuncios del Ministerio de Ganadería de que quiere evitar la extranjerización de tierras.

Para tranquilizar a tan importante inversor los tres ministros con más peso en el gobierno, Astori, Mujica y Lepra, recibieron a Marvin Risco, ejecutivo de la multinacional. Al finalizar la reunión se informó que los secretarios de estado comunicaron al extranjero que Weyerhaeuser no estará alcanzada por la prohibición. La ley permite a los Ministros dejarla fuera de su alcance y estos adelantaron que lo harán.

Quiere decir que, por decisión ministerial, la norma no se aplicará a una empresa extranjera, de capitales mayoritariamente norteamericanos. Pero sí se nos aplicará a nosotros, los orientales. Eso lo dijeron ministros de Estado lo que suena contradictorio.

Otra noticia que pasó desapercibida fue la no aprobación por parte del Ministerio de Salud Pública de la vacuna contra el cáncer de cuello de útero. Esta es una de las principales causas de muerte de mujeres en nuestro país.

Pese a que existen informes favorables, el MSP espera exámenes que encargó en el exterior para autorizarla. Entre los argumentos que hace un tiempo manejó la frívola titular de esa cartera estuvo el de que era muy cara y por ende algunos sectores de la población no podrían acceder a ella.

Puede interpretarse esto como un poco de aquello de igualemos para abajo y salud para todos o para nadie. En los hechos lo que sucedió fue que los que tienen los recursos viajan a Buenos Aires y se dan la vacuna. La ministra debería preocuparse porque toda la sociedad tenga acceso a la misma, y no de prohibirla a los que se la pueden pagar.

Lo peor de todo esto es, me parece, que nos vamos acostumbrando. A que quienes pregonan Yankees go home y que hay que limitar la propiedad y extranjerizacion de la tierra, le aseguren a un ejecutivo de una multinacional que no lo alcanzará la ley. O a que una Ministra demore la autorización de una vacuna que puede salvar vidas.

Es como lo del celular.

Por eso hoy, antes de salir, lo apagué y metí en el cajón de la mesa de luz. No quiero acostumbrarme.


Pedro Bordaberry ( fue Ministro de Turismo en Uruguay )

Tags: uruguay, costumbres, celular, mails, mensajes, correo

Publicado por javerim @ 11:06  | Uruguay... el paisito
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios