Siria: lo que el silencio no calla
Jonathan Marcus
BBC, Asuntos Diplomáticos
A un mes del ataque aéreo Israel lo reconoció aunque no dio detalles.
A menudo las cosas que no ocurren son tan vitales como las que sí suceden para entender qué es lo que realmente está pasando.
En uno de los más famosos casos del mítico detective Sherlock Holmes, el crimen de la ficción es resuelto por un elemento vital: el perro no ladró esa noche.
En el drama de la vida real que fue la incursión de aviones de la fuerza aérea de Israel en territorio sirio, el mes pasado, hubo "dos perros" que no ladraron.
A pesar de sus protestas, Siria hizo muy poco por hacer del incidente un escándalo.
No ha habido viajes organizados para que los periodistas visiten los cráteres del bombardeo, ni campañas orquestadas para condenar a Israel por lo que, en otras circunstancias, hubiera sido visto como un injustificado acto de agresión.
Y en Estados Unidos, los esfuerzos diplomáticos para que Corea del Norte detenga su programa nuclear, continuaron como si nada, a pesar de todas las sugerencias de que los aviones israelíes lo que bombardearon en Siria fue una planta de investigación nuclear con tecnología norcoreana.
Muro de silencio
En efecto, hay indicios de que científicos y técnicos norcoreanos pudieron haber muerto o haber resultado heridos durante el ataque.
Fuerzas de élite habrían actuado en forma coordinada al bombardeo, dice una versión.
En la mayoría de los casos, se esperaría que circunstancias como éstas en las que Corea del Norte se ve vinculada en la diseminación de tecnología nuclear, recibiera una fuerte condena por parte de Washington.
Pero a cuatro semanas del ataque aéreo ocurrido en las primeras horas del 6 de septiembre, siguen escaseando las pruebas concretas sobre esta operación.
En Israel, el episodio ha estado rodeado de niveles inusualmente elevados de censura militar.
Expertos que se supone conocerían muchos detalles de la operación, no dicen nada.
El líder del opositor partido conservador Likud en Israel, Benjamin Netanyahu, fue el primero en quebrar este muro de silencio.
Su aparente confirmación de que se había tratado de una operación de Israel contra un objetivo sirio desató una fuerte crítica entre sus contrincantes políticos.
Hacia el final del mes pasado, el vicepresidente sirio, Farouk Ashara, dijo que el blanco de los aviones de guerra fue "un centro de investigación académica dedicado al estudio de las tierras áridas".
Diferente fue la historia que después dio a la BBC el presidente Basher al-Assad, quien dijo que el objetivo era "un edificio militar en desuso".
Este reconocimiento de que el ataque realmente ocurrió, hizo levantar al menos parcialmente la censura en Israel, que confirmó la operación aérea pero sin ofrecer detalles sobre el objetivo, la naturaleza de las fuerzas que participaron o el grado de éxito que tuvieron.
Filtraciones
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La mayoría de los datos de esta historia proceden de filtraciones a la prensa en Estados Unidos.
Algunas de estas versiones dicen que Israel demoró la operación a pedido de Washington. Otras, que Israel envió a las autoridades estadounidenses muestras de tierra obtenidas en el área para que sean sometidas a pruebas sobre su nivel de radiactividad.
Estos informes sólo alimentan y amplifican versiones anteriores indicando que tropas de élite israelíes estaban desplegadas en la zona en coincidencia con la operación aérea.
El diario The New York Times llegó a hablar incluso de divisiones dentro de la administración Bush con posiciones encontradas sobre la información de inteligencia que suministró Israel.
Según este artículo, el vicepresidente Dick Cheney y los "halcones conservadores", consideran que esos datos son creíbles y deberían llevar a Washington a evaluar nuevamente su apertura hacia Corea del Norte.
La secretaria de Estado, Condoleezza Rice y el secretario de Defensa, Robert Gates, estarían entre los más cautos.
Capacidad disuasoria
Está claro de que la operación israelí realmente ocurrió.
El hecho de que que haya ocurrido al tiempo en que escalaba la tensión entre Siria e Israel es de por sí indicativa.
De cualquier manera, todo indica que Israel creyó que la información de inteligencia era tan fuerte y lo que estaba en juego tan importante, que valía la pena arriesgarse.
O de lo contrario, es posible que el gobierno israelí creyera que una operación de este tipo era la mejor manera de recordarle al presidente al-Assad que los errores en el sur de Líbano el año pasado, no habían hecho mella a sus fuerzas militares.
Sólo días después de la operación, el jefe de inteligencia de las Fuerzas de Defensa de Israel, general Amos Yadlin emitió un mensaje diciendo que su país había restaurado plenamente su capacidad de disuasión.
O quizás no lo dijo, porque poco después se difundió un comunicado oficial negando sus comentarios. O sea, ¿ladró o quizás debería haber permanecido en silencio?
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