Martes, 04 de marzo de 2008

Mientras el movimiento radical islámico Hamás muestra su fuerza en la franja de Gaza, el gobierno israelí se pregunta si podrá avanzarse en las negociaciones previstas en Anápolis para este año con un líder tan debilitado como Abu Mazen.

Los dirigentes más moderados dentro de la Autoridad Nacional Palestina, creen que un acuerdo de paz con Israel podría fortalecer al sucesor de Yasser Arafat. Tal es el caso de Salman Khoury, uno de los líderes de la intifada y ex prisionero en cárceles israelíes. Para Khoury, la mayoría de los palestinos respaldarían en las urnas el acuerdo de paz, avalando la estrategia negociadora del presidente Massen y aislando a los grupos extremistas. Claro que la suya no es una expresión mayoritaria entre los palestinos. Khoury no es musulmán, integra una organización pacifista y un partido minoritario dentro del movimiento que apoya a Abú Mazen.

En Cisjordania, donde la Autoridad Nacional Palestina intenta hacer pie, la situación es de relativa calma. Aunque existen refriegas esporádicas y enfrentamientos entre palestinos y colonos judíos, la situación no se parece en nada a la de Gaza. Ni siquiera en Hebrón, donde viven ciento treinta mil palestinos y unos seiscientos colonos judíos. Al menos así era hasta el viernes pasado, cuando un comando terrorista asesinó a dos jóvenes soldados israelíes que estaban de paseo. Según el servicio de seguridad israelí, el Shin Bet, sus integrantes no pertenecían a ningún grupo extremista sino a la Autoridad Nacional Palestina.

La última vez que el ejército israelí había hecho una incursión masiva en la ciudad fue en el mercado de Hebrón, un cruce de calles de piedra donde se mezclan vehículos y peatones, vendedores de baratijas y niños que mendigan por necesidad y diversión. Debieron movilizar a unos tres mil efectivos para proteger a dos familias judías que pretendían instalarse allí ilegalmente.
 
La calle del mercado conduce directamente a la tumba de los patriarcas, donde se llega luego de pasar por tres severos controles de seguridad. En Israel, las quejas contra la actitud de los colonos de Hebrón y otras zonas bajo la Autoridad Nacional Palestina son muy duras. Entienden que es una provocación que pone en riesgo la vida de los soldados y un eventual acuerdo de paz. Los colonos se preguntan por qué habrían de abandonar la tierra donde está enterrado nada menos que el patriarca Abraham.

En la escalinata que conduce a la sinagoga de los patriarcas, un colono judío-uruguayo se emociona al recordar la tierra donde nació, mientras tararea un jingle de Canal 4 de la década del sesenta como si se tratara de un cántico ceremonial. “Uruguay es...¿cómo se dice en español? ¿Edén? Entonces, Uruguay es el edén”, mientras se aleja del lugar ante la mirada de los soldados que vigilan el intenso trajinar del shabat.

El conflicto en Medio Oriente es también, qué duda cabe, religioso, pero su consideración es más compleja de lo que parece. La acusación hecha por los militantes de Fatah de que los milicianos de Hamás estaban actuando como chiitas va más allá de la represión y explica una de las claves del conflicto y, quizás, una de sus posibles soluciones: el grupo fundamentalista palestino recibe el apoyo del gobierno de Irán, una teocracia chiita cuyos planes expansivos causan preocupación en todo el mundo, incluso en los países islámicos.

El gobierno israelí señala que el apoyo iraní a Hamás y Hizballah se realiza a través de Siria, por lo que es bastante cauto sobre una eventual reanudación de negociaciones entre ambos países.

Israel y Siria: ventana abierta, panorama incierto

El proceso de negociación que se abrió en Anápolis deberá seguir con acciones sirias que demuestren que sus deseos de paz son sinceros pero La agenda incluye otros asuntos menos simbólicos, como el cese del apoyo a Hizballah y de la ingerencia en la política libanesa. La pregunta es por qué Siria dejaría de ejercer su influencia en el escenario regional, arriesgando a enfrentarse con Irán y complicar su frente interno. La respuesta adecuada podría favorecer el avance de las negociaciones (fijadas en un año en la cumbre de Anápolis) y destrabar uno de los principales obstáculos a la paz en Medio Oriente.

Los Altos del Golán son una meseta en la frontera entre Israel, Líbano, Jordania y Siria, desde donde se domina buena parte del territorio israelí. Entre 1948 y 1967, Siria utilizó la meseta como una fortaleza militar para hostigar los asentamientos israelíes cercanos al mar de Galilea e intentó bombardear las refinerías de Haifa durante la Guerra de los seis días. En sus valles viven unos 17.000 sirios, la mayoría de la religión drusa, y unos 15.000 colonos israelíes.

El gobierno israelí sabe que la entrega de las alturas del Golán es el precio a pagar por una paz duradera con Damasco, pero podría resultar demasiado alto si el acuerdo no cuenta con las suficientes garantías. Por eso, en Jerusalén insisten en que Siria deberá demostrar que sus deseos de paz son sinceros. Esto incluye el cese del apoyo a Hizballah y de la intervención en la política del Líbano, así como su rol de articulador de los intereses de Irán en la región.
“Estamos esperando ver que Siria continúa dando pasos positivos que demuestren que quiere orientarse hacia la moderación y hacia el mundo occidental, más que a las fuerzas radicales en la región”, dijo Amir Baiz Brode, encargado de asuntos sirios en la cancillería israelí. Según el diplomático, “el régimen sirio es el campeón del doble juego” y quiere seguir posicionado como un actor relevante en Oriente Medio. A Damasco le gusta verse como un vocero calificado de la causa árabe, por lo que necesita conservar cierto poder de influencia. Eso puede llevar al gobierno del presidente  Al Asad a procurar un acercamiento con Arabia Saudita (de mayoría sunita, igual que Siria) sin abandonar del todo sus estrechos lazos con el gobierno chiíta de Irán.
En Jerusalén preferirían que Damasco utilizara su influencia para apoyar el debilitado liderazgo de Abu Massen en los territorios palestinos en lugar de inmiscuirse en la interna libanesa. Las sospechas de que Siria estuvo detrás del asesinato del primer ministro libanés, Rafik al-Hariri, en febrero de 2005, no han podido ser despejadas a pesar de las protestas de Damasco. Una comisión de Naciones Unidas que investiga la muerte de Hariri y otras 22 personas en un atentado, encontró responsabilidad en oficiales de seguridad libaneses y sirios. El gobierno sirio intenta que estas sospechas no empeoren sus relaciones diplomáticas con Estados Unidos y la Unión Europea, donde ya resulta suficientemente grave sus vínculos con Irán y Hizballah.

Sin embargo, el futuro de un eventual acuerdo de paz con Israel no depende sólo de la política exterior de Damasco. Para Meir Litvak, especialista en Medio Oriente de la Universidad de Tel Aviv, la clave está en el frente interno sirio. “La situación interna de Siria es una barrera para que se alcance un acuerdo porque si va a haber paz, ¿por qué van a haber leyes de emergencia nacional, que se imponen principalmente por la hipótesis de un conflicto con Israel?”.  Según Litvak, también se debe tener en cuenta que los gastos militares sirios alcanzan al 30 por ciento del presupuesto y que “en círculos militares se teme que eso derive en una perdida de influencia en las decisiones de gobierno”. Siria está gobernado por una gobierno surgido de la minoritaria tribu alawita.

¿Es posible pensar en un acuerdo de paz en las actuales condiciones? Más allá de diferencias que hoy parecen insalvables, hay quienes son optimistas. Moti Cristal, un experto en negociación que trabajó para el gobierno israelí, cree que el caso sirio es más auspicioso que el palestino. Cristal sostiene la tesis del “ripeness”, por la cual una negociación sólo puede prosperar cuando la situación está lo suficientemente madura (en inglés, “ripeness” significa madurez) y esto requiere principalmente liderazgo en las partes involucradas. “En el caso Sirio hay madurez porque existe liderazgo, de modo que podemos implementar un acuerdo y mejorar la visión estratégica. Hoy, la gran amenaza es Irán”, señaló el negociador.

En el gobierno israelí se teme que Siria sólo esté “comprando tiempo” para avanzar hacia una mejor posición en la región, que le permita salvarse del tribunal por el asesinato de Hariri. Pero el mayor desafío para los israelíes es Hizballah (sobre todo después del fracaso militar del año pasado) y la solución a este problema no está en el Líbano, donde opera la guerrilla chiíta, sino en Damasco.


Tags: terrorismo, palestinos, Iran, Siria, Golan, Israel, Medio Oriente

Publicado por javerim @ 2:17  | TERRORISMO
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Publicado por Invitado
Mi?rcoles, 16 de abril de 2008 | 16:33
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