Mi?rcoles, 23 de abril de 2008
 El ocaso de una elite                 25/4/2007 - 09:29

La elite fundadora se derrumbó sola, y hasta hoy sigue añorando el pasado. Gracias al invento democrático, Israel se salvó de un destino similar.

Por Rafi Barzilai - Ynet

 Con motivo del Día de la Independencia se publicaron artículos apasionantes de miembros de la "Generación del '48" que, más que lo que ellos dicen sobre Israel, reflejan el estado de ánimo deprimido de sus autores. Cuando a la gente le va gris, dicen los psicólogos, tienen a teñir el mundo de negro. La comparación entre el Primero y Segundo Templo, y el Estado de Israel de 2007, sólo porque eran judíos los que estaban involucrados en los tres, es insostenible. La insinuación de que en el seno del pueblo judío reside la semilla de su propia destrucción es más inverosímil aun. Como entonces, también ahora, el problema no es el pueblo; el problema es el sistema en el que elige manejarse.


En el mundo antiguo, como también en el nuevo, entidades políticas surgieron y cayeron cada dos por tres. El Primero y Segundo Templo son otros dos ejemplos, bastante marginales en perspectiva histórica, de una estructura social característica que se derrumbó antes de estabilizarse. El grandioso Imperio Romano cayó, aunque haya soportado más tiempo, también la Unión Soviética, y también, salvando las diferencias, el kibutz. Todos ellos cayeron, no oprque sus miembros tuvieran un código genético defectuoso, sino porque se manejaron en un sistema donde la libertad del hombre era la variable dependiente; la que existe siempre y cuando no moleste a los caprichos de la elite dominante.


La raíz del mal está en la falta de libertad o, si se quiere, en la falta de democracia popular. Los imperios caen en el momento en que la elite dominante pierde contacto con el pueblo; en el momento en el que deja de ser una elite servidora y se convierte en una elite que se sirve a si misma. Entonces la ebriedad del poder le perturba la mente e inmediatamente sobrevivenen, en este orden: la atrofia funcional, la putrefacción moral, y la resonante caída. La democracia, en cambio, obliga a la elite dominante a escuchar al pueblo, pues de otro modo no podrá seguir reteniendo el poder.


Gracias al invento democrático, Israel se salvó de un destino parecido. Hasta el final de los años '60 Israel contó con una elite fundadora que estaba al servicio del pueblo, aun si era al alto precio de la discriminación y la reducción de la libertad de elección. Desde que culminara el capítulo de la fundación, a esa elite le fue difícil conservar su propósito y comenzó a derrumbarse dentro de sí misma. Sin embargo, en lugar de llevarase a todo el pueblo con ella, se derrumbó sola. El pueblo la reemplazó en las elecciones de 1977 y desde entonces, y hasta el día de hoy, añora su pasado de gloria.


En este sentido, Israel no solamente no enfrenta la destrucción, sino que parece estar ante un enorme crecimiento. El reemplazo de la elite fundadora fue un hito en el que el pueblo de Israel salió hacia su libertad: de un país cuya identidad nacional era fijada según la identidad de la elite fundante, a un país en el que el miembro de cada tribu tiene lo que decir, aun si se llaman Zohar Argov (cantante popular sefardí ya fallecido) o Uri Orbaj (comunicador religioso de derecha); de una economía socialista paternalista y corrupta, donde sólo los que son "uno de nosotros" tienen oportunidad, a una economía más libre, que estimula la iniciativa y la responsabilidad, aun si se llaman Itzjak Teshuva y Lev Levaiev (empresarios israelíes, a veces controvertidos). Todos ellos y muchos más son sólo parte de una revolución cultural silenciosa, que si no fuera por su elegante mecanismo democrático, habría culminado en destrucción.


La nostalgia de la "Generación del '48)" por aquellos días gloriosos –en los que no había corrupción, ni brechas sociales, los silos depósitos estaban llenos y reinaba la hermandad entre los kibutzim y los barrios- es otra prueba del ocaso de dicha elite, que fuera de su pasado grandioso no le queda más fuerza vital ni creativa. Cuando una elite decae, le parece que todos a su alrededor caen con ella. Pero si aplicamos visión de estado, que no es necesariamente la de la elite fundadora, no vemos sino una victoria aplastante del sionismo: judíos de todas las capas: sefardíes, ashkenazíes, religiosos, laicos, derechistas, izquierdistas, mujeres, hombres, todos se voluntarizan a hacer su aporte personal y modesto a la empresa sionista. Judíos sin diferencias de religión, grupo étnico ni sexo, están dispuestos a dar su vida por la idea apasionante de la tercera soberanía en Eretz Israel. Si esto no es una victoria, ¿qué es?


A la "Tercera Soberanía" le esperan muchos desafíos más. Pero si la nostalgia lloriqueante, el cultivo de las sensaciones de víctimas y el paternalismo político guían sus pasos, nos irá mal. Si seguimos ampliando la idea de la libertad por medio de la desarticulación de los focos de poder y cultivamos la responsabilidad personal, entonces todos triunfaremos. Corresponde que recordemos y les recordemos a todos: primero viene la libertad, luego la responsabilidad, y sólo después sobreviene la solidaridad.


Tags: ELITE, ISRAEL, LIBERTAD, SIONISMO, INDEPENDENCIA, SOLIDARIDAD, RESPONSABILIDAD

Publicado por javerim @ 14:22  | ISRAEL la nueva casa
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios