S?bado, 14 de junio de 2008

                                      

                                 Bernardo Ptasevich                                editorial 13 06 2008

 

Muchos de nosotros somos o fuimos opositores en algún momento. La oposición es muy importante para el sistema democrático, posibilita la alternancia en el poder y hace sentir a los gobiernos que no pueden hacer cualquier cosa porque alguien lo hará público en la mejor oportunidad. Nos sentimos como pez en el agua en ese papel, podemos decir lo que otros hacen mal, explicarlo, protestar, presionar para que lo hagan mejor, y estar convencidos de que todos los errores que se cometen se hacen a sabiendas y en perjuicio del pueblo. Eso es sumamente atractivo y poco comprometedor.

Muchos opositores de antaño tendrán luego en el gobierno la obligación y la responsabilidad de actuar contra todo lo que les molestaba y a favor de las ideas que tanto han proclamado. Sin embargo al convertirse en oficialismo, algo cambia y es como si se tratara de otras personas. Cambian al sentirse con poder de decidir y porque ahora su función es ejecutar y no juzgar a los que hacen. El resto seguimos diciendo lo que esta bien y lo que esta mal, casi como una obsesión, convirtiéndonos en opositores permanentes. Caer en el papel de estar siempre del otro lado es dejar que los demás decidan por nosotros. Sabemos que es más difícil hacer lo que se piensa que decirlo, pero ese es el único camino para progresar, resolver los problemas y dirigirse hacia las metas. Para ello hay que tomar riesgos, acertar y equivocarse, corregir y seguir adelante.

Cuando algún viejo opositor que comparte nuestras ideas quiera llevar a la práctica alguna de ellas desde un gobierno, encontraremos la forma de oponernos nuevamente.  El que no hace nada no se equivoca, pero no logra nada. Hacer cosas en vez de decirlas es bastante más complejo. Aunque se hagan bien habrá palos en la rueda y si se cometen errores mejor no pensarlo. En este contexto tenemos una lucha entre la comodidad de dejar todas las cosas como están o tomar los riesgos de ser ejecutor o parte de la ejecución de las cosas que hay que hacer.  No es bueno barrer los problemas debajo de la alfombra. Hay que sacar a la luz todo lo que esta mal para reconocer los problemas sobre los que debemos actuar, y pasar de la oposición a la acción, a realizar los cambios o apoyar a quienes tengan la responsabilidad de ejecutarlos. Se ve como una formula sencilla, pero es muy difícil transformar  al opositor permanente que llevamos dentro. Es una operación riesgosa, auto cirugía que muchos no nos animamos a asumir. Las grandes empresas, los grandes países, los cambios hacia el futuro los han realizado o dirigido personas que toman riesgos, los soñadores que un día decidieron que valía la pena llevar a la realidad sus sueños. Me sigo oponiendo a todo lo que se hace mal en forma premeditada y/o para beneficio personal. Sin embargo debemos  pasar a la acción, cada uno dentro de nuestra posibilidad, dentro de nuestro ámbito, o en el sitio que nos toque hacerlo.  Debemos lograr entre todos un país cada vez mejor y solo se logra trabajando juntos. Un país para nuestros padres, para nuestros hijos y nuestros nietos, para que un día las noticias de los diarios puedan hablar de logros en lugar de fracasos, de felicidad en lugar de dolor y para que haya un futuro que valga la pena ser vivido.


Tags: oposicion, gobierno, accion, futuro, felicidad, responsabilidad, problemas

Publicado por javerim @ 19:30  | EDITORIALES DE BERNY
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