Por: Semana.co.il
Por Bernardo Ptasevich
¿De qué forma lograrlo y repartir esos espacios entre todos a los que uno ama en las diferentes formas?
Porque
no es lo mismo el amor a una madre y la forma o el tiempo que uno pueda
dedicar a disfrutarlo para darle lo que merece que el amor que podemos
dar a otras personas.
Porque no es lo mismo el amor a una
esposa y la forma o el tiempo para ella y darle lo que se merece en
todo el tiempo que a ella le corresponde.
Porque no es lo
mismo el amor a un hijo grande que ya vuela solo por el mundo pero
siempre está ligado al consejo, la caricia o el abrazo de su padre que
tiene que estar cuando lo necesita.
Porque no es lo mismo el
amor a una hija pequeña que crece a cada momento y demanda con sus
cambios una dedicación enorme y puntual para cada situación.
Porque
no es lo mismo el amor a un nieto que aprenderá a conocerte y a
compartir contigo según lo que puedas dedicarle y hacerle sentir.
Porque no es igual que aprender a querer a una nuera que viene a tu
familia a ser una hija más sin haber compartido contigo antes ninguna
experiencia.
Porque hay todavía tíos, primos y hermanos que no
viven contigo pero disfrutan si cada poco tiempo podes enviarle unos
mimos, algún consejo o en lo posible abrazos y besos. ¿Cómo hacer para
disponer de todo este tiempo tan necesario para el alma, no sólo para
la nuestra sino para la de todos los que esperan algo de ti o lo
reciben felices aún sin haberlo esperado? ¿De qué sirve tanto trabajo,
tantas obligaciones, tantos reconocimientos por logros obtenidos si no
queda el espacio para estas cosas donde los sentimientos son el capital
más importante de la vida?
Pero la realidad no siempre
responde a los deseos de las personas. La necesidad de mantener una
familia en condiciones básicas aceptables y aun mucho mejores como
todos queremos, hace que dediquemos la mayor parte de nuestro tiempo a
trabajar con todo lo que ello implica y según lo a cada uno le haya
tocado hacer en la vida, ya sea por elección o por necesidad.
A
veces pensamos: ¿quién inventó este sistema? Buscando la respuesta uno
puede llegar a sentirse tan enojado con el inventor como un ole jadash
con Ben Iehuda cuando le toca dar los primeros pasos del idioma hebreo.
El trabajo se convierte muchas veces en una adicción tan
compleja como otras que son tratadas como enfermedades. Es necesario en
este sistema de vida, no hay duda, pero también lo ponemos en primer
lugar ante todas las opciones que se abran y nos excedemos para obtener
logros que nos hagan sentir mejor, a veces para cubrir necesidades
básicas insatisfechas, para progresar económicamente, en nuestra vida
social.
Otras veces simplemente porque nos gusta trabajar y le
hemos encontrado un gustito adictivo que no nos permite salir del
circulo o regularlo. Maldito trabajo cuando gracias a él nos priva de
disfrutar del amor y la compañía de quienes queremos.
No importa
si es nuestra culpa o es realmente que debemos hacerlo. Los resultados
son los mismos. Maldito tiempo. ¿Quién inventó que el día tenga 24
horas? ¿A quién se le ocurrió inventar las semanas, los meses, los años
y los horarios a que debemos atenernos? ¿No sería mejor ir a trabajar
cuando precisamos generar algo para la subsistencia, sin marcar
tarjetas ni cumplir obligaciones? ¡Qué los niños vayan a la escuela
cuando tengan ganas y que vuelvan cuando necesiten una caricia, un beso
o compartir cosas con sus papás!
Recordar canciones como “Años”,
que dice “El tiempo pasa… nos vamos poniendo viejos… o aquella que dice
“Reloj… no marques las horas” y tantas otras me hace creer que no soy
el único que piensa que el tiempo es un tirano o que el trabajo es una
maldita obligación y adicción.
Pero yo soy como casi todos muy
obediente a las reglas y me he resignado a mis obligaciones. Contraje
la enfermedad hace tiempo y si bien ahora me he dado cuenta que la
padezco no he acudido todavía al medico en busca de soluciones.
Reconocer
que a uno le pasa algo es lo primero que debemos admitir antes de poder
comenzar a solucionar el problema. ¡Confieso! Soy un adicto al trabajo
y en mis horas libres, escribo, hago tareas comunitarias, me comunico
con personas con las que vivo lo cual generalmente me da más trabajo
adicional, casi siempre voluntario. Trabajo, trabajo, ¡trabajo!
Ahora
que ya sé que estoy enfermo y queriendo compartir con las personas que
amo y con mi amigos que tanto quiero un poco más del tiempo de mi vida,
espero poder ir encontrando esas pequeñas soluciones, disfrutar y hacer
disfrutar de mis avances como una forma de ir fabricando mas felicidad.
No puedo con mi genio… ¡hasta a la felicidad hay que fabricarla! Y fabricar es trabajo.
¡Basta!
Me voy a ver las eliminatorias del mundial de fútbol mientras mi
familia duerme la siesta porque esto ya se está convirtiendo en un
trabajo, cuando escribir y compartir es para mí un placer.
El futuro es lo único que se puede cambiar.
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