S?bado, 03 de octubre de 2009

Para alcanzar la paz no basta con la buena voluntad israelí

Autor: Bernardo Ptasevich, Katzrín

Nací unos meses después de la independencia de Israel. Desde niño, una vezque estaba en condiciones de razonar y sentir que era judío, aprendíque la paz era el objetivo máximo de todos los judíos del mundo. Judíoy Shalom eran para mí casi sinónimos; no concebía al judaísmo sin labúsqueda de esa utopia, tema de conversación y reflexión en largasveladas y un deseo convertido en los sueños de muchas noches. Sinembargo, Israel debió debatirse en repetidas guerras desde el mismomomento de su creación y ese deseo de paz nunca fue compartido pornuestros vecinos ni por los países árabes en general.
Así la situación, podemos decir que hay una paz teórica, la que puedeaparecer en las notas de diarios, revistas, libros o ensayos deescritores, que en todo caso es impalpable, invisible y realizable sóloen la imaginación. La otra paz, la real, que deberíamos lograr connuestros vecinos y enemigos es, por el contrario, algo casi imposible,una tarea que después de muchos intentos no ha logrado plasmarse enrealidad y es difícil que algún día pueda concretarse. No hay forma dedeclarar la paz en forma unilateral.
Contrariamente a la decisión de iniciar una guerra, declarar un alto alfuego o decidir una desconexión de territorios, para hacer la paz senecesita la participación de todas las partes al unísono. En el OrienteMedio, donde durante tantos años una de las partes ha educado con lapaz como objetivo y la otra con la aniquilación de los vecinos comometa no hay un terreno fértil para que pueda lograrse ningún acuerdo.Si por motivos políticos o porque la coyuntura internacional lo obliguelas cúpulas o los Gobiernos decidieran al fin firmar algún tipo detratado al respecto, eso no aseguraría para nada que la paz hayallegado a estas tierras.
Empiezo entonces a sentir que desde la diáspora la paz deseada era unacosa y viviendo en Israel la realidad me muestra que la paz posible esotra muy diferente. Mis conciudadanos israelíes no ven la paz de lamisma forma como yo la veía hace años y desde lejos. A medida que pasael tiempo y ya desde Israel, tampoco yo la veo de ese modo. Esto tienecomparación a la forma en que muchas veces nos ve la gente de todo elmundo cuando nos juzga ante determinadas situaciones.
Exceptuando cuando los juicios provienen de personas, grupos o paísesrealmente antisemitas, anti judíos y anti israelíes, para quienes todolo que hagamos estará mal, tenemos que entender sin enojarnos que desdeafuera y a lo lejos se puede tener una visión diferente sobre loshechos. Hay que estar aquí para entender la mayoría de las cosas de lasque tanto hablan y opinan en el mundo tanto los políticos como losperiodistas.
Querer la paz no puede ni debe ser bajar los brazos y dejarse arrasaren los derechos, no puede ni debe ser permitir ser atacados y agredidosen forma de misiles, de atentados o de amenazas verbales sobre nuestraextinción. Esa no es la paz que añoramos ni tampoco es la paz con laque hemos soñado. Al parecer no existe una misma paz que sirva para losisraelíes y también para los palestinos o los árabes. Nosotros sólopodemos trabajar en forma real por nuestra paz y no podemos influir enla paz de los vecinos.
Tanto los palestinos como los vecinos del norte no saben siquiera comohacer las paces entre ellos, no están ni estarán de acuerdo en nada yaque buscan la supremacía sobre el otro, el poder total que lesconvierta en los receptores de todos los fondos y ayudas del exteriorque luego manejarán a su antojo. Nada podemos hacer para cambiar esasituación. Por lo tanto, sólo podemos influir en nuestra paz y ahí cabela traducción que impone la realidad en la que nuestra paz es igual y proporcional a la mayor seguridad para nuestros ciudadanos y nuestroterritorio. Mientras logremos esa seguridad nuestros habitantes podránvivir en paz. Claro que no es lo mismo vivir en paz que hacer la pazcon los vecinos o enemigos pero es lo único posible quizás por muchotiempo. Ante esta disyuntiva, seguir trabajando por un acuerdoimposible ya no es una utopia sino que se convierte casi en unaestupidez, en una pérdida de tiempo y en una fabrica de hacerconcesiones.
Dejemos de dar explicaciones a cuanto Gobierno se sienta con derecho adecidir sobre nuestras vidas, sobre nuestro derecho a existir y en casode tenerlo decidir donde debemos hacerlo y de qué forma. Muchas vecesnos quejamos de lo que nos pasa, de lo que la comunidad internacionalquiere imponer respecto a nuestros temas pero somos nosotros mismos losque les damos lugar para hacerlo.
Si dejamos de sentirnos obligados a llegar a un acuerdo formal de pazcon quienes no quieren y especulan todo el tiempo para lograrbeneficios, y nos preocupamos por vivir en paz nosotros mismos en basea cuidar nuestra seguridad, les quitaremos las armas que hoy tienenpara seguir recibiendo concesiones a cambio de nada. Puede ser quecambien entonces a posturas razonables y positivas.
Hemos visto en las negociaciones por nuestro soldado secuestrado enGaza y también en el canje de prisioneros con Hezbollah (donderecibimos sólo cadáveres a cambio de prisioneros), así como en todanegociación emprendida que nuestros enemigos, que no cumplen con ningúnacuerdo, no aceptan normas de ética ni en la guerra ni en la paz, ni enlas disputas ni en los pactos logrados.
Seguir negociando con ellos de esta forma me recuerda a un comprador decualquier producto que le dice al vendedor mostrando su entusiasmo:``¡Lo quiero! ¡Es mío, no se lo venda a otro por favor, es lo mejor quehe visto, no lo consigo en otro sitio!'', para luego tratar deconseguir un descuento.
Está claro que nada va a lograr de ese modo. Dejemos entonces de deciry proclamar a los cuatro vientos que necesitamos llegar sí o sí a unacuerdo con los palestinos y en forma urgente.
Dejemos de decir que podemos entregar el Golán a cambio de paz conSiria como una necesidad imperiosa de definir esa situación ahoramismo. Dejemos de decir que Jerusalén puede ser dividida y de ponernosotros mismos los temas todo el tiempo arriba de la mesa. Mostrar undeseo de definir todos los temas de inmediato nos auto impone límites yexigencias que sólo nos perjudican.
Cuando tomemos el tiempo que sea necesario para cada cosa, laestrategia de los enemigos tendrá que cambiar y con ella la de lacomunidad internacional. Puede ser que decidan conseguir por la fuerzalo que no le daremos de regalo a cambio de nada, pero esa posibilidadno se anula con nuestra postura actual y en todo caso debemos estar tanpreparados como siempre.
Sin embargo, existe la posibilidad de que al cambiar nuestra posturatengan que modificar su estrategia y tomen la iniciativa de negociar enserio antes de quedarse con las manos vacías. Todo lo que tratemos deconseguir con apuro o urgencias políticas, será en nuestra contra.
Hemos vivido 61 años cuidándonos y defendiéndonos. Lo hemos hechoincluso cuando éramos más débiles y cuando nuestro país daba losprimeros pasos hacia su incierto futuro.
Hoy Israel es una realidad, para israelíes y para todos los países delmundo, ya sea los que nos quieren o los que nos odian. La vida de lospaíses no se mide en horas, días, meses ni años. Tenemos tiempo parabuscar y conseguir nuestro objetivo. Primero debemos afianzar la pazinterna, esa que perdemos de a ratos pero contra la que reaccionamosrápidamente para volver a conseguirla. Cuando sea el momento propicioiremos por la meta máxima que debe seguir siendo la paz con nuestrosvecinos, pero sólo cuando ellos decidan cambiar su postura y esténaptos para ese nuevo escenario. Negociar antes de ese momento es envano y nos va a costar mucho más que perdida de tiempo y dinero. Nos vaa costar perder muchos de los derechos que hemos ganado para nuestraexistencia. Escribí en alguna ocasión y titule uno de mis trabajos``Ser pacifistas pero responsables''.
Ser pacifista no es ser estúpido. Defendernos es nuestro derecho y nuestra obligación porque sólo si existimos podemos ser una de las partes que negocien la paz futura. Se dejamos de existir nuestros enemigos seguirán en sus guerras internas o harán la paz entre ellos mismos, que serán los únicos.
Si me dan a elegir yo quiero estar para ser parte de esa historia.

El futuro es lo único que se puede cambiar.

Tags: ISRAEL, PAZ, SEGURIDAD, LIBERTAD, DEMOCRACIA, FAMILIA, FUTURO

Publicado por javerim @ 18:06  | EDITORIALES DE BERNY
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Publicado por COMENTARIOS AURORA
S?bado, 03 de octubre de 2009 | 18:11
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cerrar Titulo: VERDAD
Nombre: Miriam
Comentario:
Cuanta verdad Se?or Bernardo. Que claridad tiene su escrito. Sres encargados del Gobierno de Israel, basta de seguir haciendo el cuento, Ni a Obama, ni a Europa ni a alguien que se crea con derechos, se le puede permitir presionar a Israel. Y si ellos est?n interesados en 2 estados, que sean los musulmanes los que quieran la paz. ISRAEL LA VIENE OFRECIENDO DESDE HACE 61 A?OS, sin encontrar eco. SHALOM Y AM ISRAEL JAI. . .

cerrar Titulo: Estamos con ustedes
Nombre: Marcia Santos
Comentario:
Pedim
Publicado por en aurora
S?bado, 03 de octubre de 2009 | 18:13
Tendriamos que aprender de los arabes que no es NO!!
Nombre: Diana
Muchas veces nos quejamos de lo que nos pasa, de lo que la comunidad internacional quiere imponer respecto a nuestros temas pero somos nosotros mismos los que les damos lugar para hacerlo. Cuanta verdad Bernardo, porque todos nuestros gobiernos son tan chupa medias si hay veces que pienso que nosotros mismos nos cavamos nuestra propia tumba.